Crónicas del fracaso neoliberal, Niños héroes de Diego Zúñiga

En una evaluación general del libro, me parece una muy buena colección de narraciones, que retratan, con gran habilidad narrativa, la situación de los jóvenes chilenos que crecieron en los 2000 y que hoy continúan “pateando piedras”. Ese ambiente de perdedores urbanos hermana a estos cuentos a los de Paulina Flores en Qué vergüenza (2015).

A.C. Mercado-Harvey

Diego Zúñiga (1987) se hizo conocido en el mundo literario por sus novelas Camanchaca (2009) y Racimo (2014), esta última ganadora del Premio a las Mejores Obras Literarias (2013), en la categoría de novela inédita, por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Además, Zúñiga figura entre los 100 mejores escritores de América Latina, otorgado por la prestigiosa revista Granta. Sin duda, Zúñiga es uno de los mejores narradores chilenos de su generación. El hecho de que sea un dotado novelista no necesariamente es garantía de ser buen cuentista, son dos habilidades que, extrañamente, no siempre van de la mano. Niños héroes (2016), financiada por una beca del Consejo Nacional del Arte y la Cultura es una colección de cuentos muy buena. La antología recoge historias urbanas, de jóvenes fracasados de la generación milénica. Es una crónica del fracaso neoliberal, de los que en otra época pateaban piedras, pero que ahora siguen bailando el baile de los que sobran, en un modelo en el que tienes o no tienes.

Los mejores cuentos de la colección son los que narran la cruda realidad de esos chicos que fueron dejados atrás por un sistema que llevó al estallido social del 18-O. Lo interesante de estas narraciones es que se anticipan a ese evento y en las historias se explica cómo se llegó a ese punto. Como radiografía social de una sociedad que era una olla a presión, los cuentos cumplen la función de mapa de las circunstancias que llevaron a tal ebullición.

En esta línea se destacan “La ciudad de los niños”, que abre la colección, “Un mundo de cosas frías”, “Omega” y “Cabezas negras”. Estas narraciones tienen un contexto social de chicos que son víctimas de una sociedad neoliberal extrema, que escoge entre ganadores y perdedores. Sus historias son las de este último grupo. Uno de los desafíos al escribir desde la infancia y la adolescencia es no parecer un adulto disfrazado de joven. Es decir, que la voz suene como la de un niñ@ o un adolescente, que la mente del personaje sea creíblemente la de un muchach@. Zúñiga lo logra, muy bien. En “La ciudad de los niños” vemos a un grupo de chic@s que planifican un robo en el parque Kidzania. En la narración se percibe, rápidamente, la diferencia de clases de la sociedad chilena, asunto que atraviesa todas las narraciones. También, aparece con toda claridad el culto al dinero que nos ha dejado el neoliberalismo. El cuento “Omega” hace alusión a ello, a través de un reloj (de ahí el nombre del título) que un padre ausente le deja a su hijo, quien le cree la historia de que es un modelo exclusivo, seleccionado por la NASA para ser usado por astronautas y que cuesta mucho dinero. La falsedad del reloj encapsula simbólicamente mucho de la falsedad de la sociedad de consumo que idiotizó a muchos chilenos por 40 años.

En mi opinión, el cuento mejor logrado es “Un mundo de cosas frías” sobre una pareja de muchach@os recién salidos del colegio que huyen de sus casas y que viven en departamentos pilotos de Santiago. La narración no solo refleja la locura del mercado inmobiliario chileno, sino que muestra cómo es@s chic@s se han mimetizado con el discurso del mercado, imaginando que un día tendrán un departamento con esa decoración, igual a la de los departamentos modelos en los que pernoctan. El cuento atraviesa las temáticas del abandono, la pobreza, la prisión urbana y lo salvaje de un mercado frío, tal como anuncia su título.

“Cabezas negras” es el cuento más dramático, en cuanto a la escena político-social chilena. Allí un grupo de alumnos de un colegio pobre en una comuna pudiente secuestran a 5 niñas rubias del Villa María y exigen que se derogue la LOCE y se entregue una educación de calidad y gratuita. La narración refleja muy bien muchas de las escenas que hemos visto de modo repetido en colegios emblemáticos, desde la época de la “revolución pingüina” en adelante. La temática de las diferencias de clase social está muy reflejada en este cuento.

Hasta ahí el libro es brillante, pero, como nada es perfecto, el autor decidió darse algunos gustos que, en mi opinión, son lo más débil de la colección. Los dos cuentos que tienen como personaje a Catalán son un par de desaciertos. “Lorrie Moore lee un cuento a Catalán” es una narración demasiado bolañesca. Catalán es un personaje muy cercano a los de narraciones de Roberto Bolaño, y Bolaño hay uno solo. Hay que señalar que la parte que tiene que ver con la vida del narrador (da la impresión de un alter-ego) son mucho más interesantes que las de Catalán, un tipo obsesionado con la literatura de Lorrie Moore, una atractiva escritora norteamericana. Eso en sí parece sacado de la narrativa de Bolaño, lo mismo ocurre con la vida y las obsesiones sexuales de Catalán. En el caso de “Niños héroes”, que da el título a la antología, la historia de la enfermedad de la madre tenía gran potencial, pero la antojadiza aparición de Catalán no contribuye y mucho menos el final con el terremoto del 2010, que no termina de cuajar dentro de la narración.

El gustito que se da Zúñiga y que sí funciona bien está en “Tierra de Campeones”. Como es sabido, el autor es de Iquique y es un reconocido futbolero. En esta historia nos narra la vida de un grupo de futbolistas fracasados y la estrella del grupo que sí consigue llegar a las grandes ligas y hasta ser contratado por los Emiratos Árabes, pero que luego desaparece de modo inexplicable y, a su retorno, ya no será el mismo. Los personajes difusos, que se desaparecen, también son un hilo conductor de estas narraciones. Así como las enfermedades de los padres y sus muertes.

En una evaluación general del libro, me parece una muy buena colección de narraciones, que retratan, con gran habilidad narrativa, la situación de los jóvenes chilenos que crecieron en los 2000 y que hoy continúan dentro de ese ambiente de fracaso y abandono. Ese ambiente de perdedores urbanos hermana a estos cuentos a los de Paulina Flores en Qué vergüenza (2015). Ambas colecciones de cuentos son crónicas del fracaso neoliberal, focalizado en las clases empobrecidas. El cuento siempre es un género menos leído que la novela. Sin embargo, tanto el libro de Flores como el de Zúñiga han tenido éxito de ventas. Le recomiendo que los lea. Diego Zúñiga es un narrador ágil, que sabe hilar y armar historias que nos parecen cercanas, reales y creíbles. En medio de un proceso convulso como el que vivimos, a veces, la ficción nos ayuda a entender estos complejos fenómenos sociales mucho mejor que un libro de sociología o historia, porque tocan fibras sensibles, con historias que nos parecen próximas y que nos abren la mente respecto a realidades similares o diferentes a las nuestras.

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