Editorial

Lo que viene tras las renuncias en la Cormun de Rancagua

Tras las renuncias en la Corporación Municipal de Servicios Públicos Traspasados de Rancgua, Cormun, no está resuelto el problema. Queda por saber cuál será la política de sueldos en la Cormun y cómo se gestiona una estructura funcionaria de gestión hiperinflacionada, con una planta cuatro veces más grande hoy que hace 25 años aunque en esa época, los colegios municipales tenían un tercio más de estudiantes.

La semana comenzó con información procedente del municipio y su Corporación Municipal de Servicios Públicos Traspasados de Rancagua, Cormun. Su secretario general, Mario Avilés y la directora de la División de Educación, Miroslava Garrido, presentaron la renuncia a sus cargos luego de apenas ocho meses de desempeño.

Desde el municipio se habla de diferencias entre el alcalde Juan R. Godoy y el secretario Avilés. Sin embargo, no puede pasar por alto la situación denunciada por este periódico el 26 de noviembre pasado. En esa oportunidad, dábamos cuenta de situaciones anómalas en la Cormun: contratación del personal directivo con elevados sueldos (superiores a los de la administración anterior), creación de nuevos cargos y adjudicación de ellos a parientes o vinculados con un concejal y la deuda que mantenía la directora de Educación con el Ministerio de Educación, su anterior empleador, por licencias médicas que le pagó tanto su aseguradora como el propio Ministerio.

Por cierto que el objetivo de El Regionalista no es que las situaciones irregulares concluyan con renuncias, aunque debe ser norma que frente a situaciones de esta naturaleza, los cargos de designación política asuman su responsabilidad. Más importante que todo ello, es la demanda de responsabilidad que pesa sobre todas las autoridades en relación con el manejo de los recursos fiscales, sobre todo en un momento en que la situación de la Corporación, en particular, y la economía del país, requieren austeridad y buen juicio. Tras todo ello está el requerimiento de transparencia de la ciudadanía, cuya paciencia excedió todo límite en lo relacionado con sueldos desmesurados, abultamiento de cargos y transacción de posturas en el aparato público para beneficiar a aliados políticos o familiares.

Tras las renuncias, por lo tanto, no está resuelto el problema. Queda por saber cuál será la política de sueldos en la Cormun y cómo se gestiona una estructura funcionaria de gestión hiperinflacionada, con una planta cuatro veces más grande hoy que hace 25 años aunque en esa época, los colegios municipales tenían un tercio más de estudiantes. De paso, corresponde que la Corporación aclare la situación de personas contratadas en esta nueva administración, aparentemente por vínculos con la autoridad municipal. Y todo ello considerando el objetivo de la Corporación: alcanzar el máximo nivel de educación de niñ@s y jóvenes de las familias rancagüinas.

La expectativa de la ciudadanía hoy sobre la gestión pública se sustenta en estándares exigentes, como lo ha el relato que ha acompañado la movilización de los últimos años. Pretender que se puede administrar con los mismos criterios y prácticas de hace apenas tres años no solo es un error sino que es no estar a la altura de lo que el país requiere para continuar apreciando la democracia.

Porque, tal como decíamos en noviembre pasado cuando dimos a conocer la situación de la Cormun, lo que está en juego no es sólo la rendición de cuentas de una autoridad, sino el ejercicio democrático del gobierno local, el más próximo a la realidad de las personas.

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