Reforma Agraria: la dignidad que se gana, no se pierde nunca

El pasado miércoles 28, el movimiento cooperativo campesino recordó los 54 años de la ley de Reforma Agraria, iniciativa que junto con la Ley de Sindicalización Campesina produjo el cambio más radical en el mundo rural chileno y fue el germen de la dignificación de las familias campesinas.

Dignidad fue el término que más se usó el pasado 28 en la celebración del Día Nacional del Campesino en Patagua Cerro, Pichidegua, actividad con la que se conmemoró la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, allá por el año 67, cuando Chile todavía andaba a “pata pelá”

Más allá de los juicios técnicos, políticos y emocionales, el dato concreto es que la Reforma Agraria acabó con un sistema de relaciones que en los campos venía prácticamente desde la Colonia sin mayores alteraciones; el inquilinaje (ver nota).

En nuestra región, fue en Patagua Cerro, Pichidegua, donde la Iglesia Católica dio la primera señal con una entrega programada de sus tierras a los campesinos que la trabajaban. El trabajo fue tan efectivo que, cuenta Orlando Ruz, expresidente de la COOPEUMO, de las 74 parcelas que se entregaron, medio siglo después el 80% de ellas siguen en manos de sus dueños originales o sus descendientes. Rolando Escobar, actual presidente de la cooperativa que agrupa a un poco más de 350 socios y tiene 5 sedes en el valle del Cachapoal, recuerda que el obispado prestó apoyo técnico y crediticio a los agricultores que fueron seleccionados para ser parceleros, entre ellos su propio padre.

“Cambió la realidad de pobreza del campesinado”

Carlos Nuñez, vicepresidente de la cooperativa y socio de la misma desde 1969, valora el objetivo de la Reforma: “cambiar la realidad de pobreza a una realidad de futuro, con mejores condiciones de vida y que nosotros como campesinos pudiéramos recibir la paga justa y con eso poder educar a nuestros hijos”.

Alejandra Sepúlveda, diputada y única parlamentaria presente, destacó la labor de Rafael Moreno, director de la Corporación de Reforma Agraria, CORA en esa época. A sus 26 años, Moreno asumió el desafío puesto en el programa de gobierno de Frei Montalva; “la tierra para el que la trabaja”.

Y en ese componente, el de la inclusión de miles de familias campesinas postergadas, estuvo el impacto de la Reforma. Por eso, Horacio Azócar, presidente de la Confederación Nacional de Cooperativas de Chile, CONFECOOP, la valora como una política de Estado “superior que tuvo la capacidad de ofrecer una visión de país y sociedad distinta”

La estructura de la tenencia de la tierra vuelve hoy a estar concentrada en pocas manos

Chile tuvo dos leyes de Reforma Agraria, la primera en 1962, dictada en el gobierno de Alessandri Rodríguez y que se le conoce como la reforma agraria de “macetero” por su bajo impacto. Luego vino la de 1967, la Ley Nº 16.640, la de verdad, la que terminó con el latifundio, la que dio pie a que un número importante de campesinos fueran protagonistas de su propio destino. Sumada a la Ley 16.625 de Sindicalización Campesina, terminarían por derrumbar el arcaico y anacrónico sistema del inquilinaje.

Como muchos otros procesos que han buscado el bienestar de las grandes mayorías, la Reforma Agraria generó detractores y provocó quiebres irreparables en parte de la sociedad chilena. Por eso, a más de medio siglo de su puesta en marcha, aún cuesta realizar un análisis objetivo de sus efectos.

Es evidente que la agricultura chilena hoy es otra: altamente tecnificada, con niveles de productividad de nivel mundial, intensiva en capital y mano de obra, vinculada a los mercados internacionales. Sin embargo, no es menos cierto que la estructura de la tenencia de la tierra hoy es similar a la de aquellos años, concentrada en pocas manos. Quienes hoy dan vida a la agricultura familiar campesina, heredera de esa gesta histórica, se reunieron esta semana para valorar el camino recorrido; para ese entonces bordeaban entre los nueve y los doce años de vida. A ellos les tocó poner el hombro junto a sus “taitas”: hacer producir la tierra para sacar adelante a sus familias y no parar de producir los alimentos básicos que consumimos a diario.

“El camino está abierto” decía en su prólogo el informe de la CORA en agosto de 1970, “y ha sido hermoso colaborar en esta tarea”. Hermoso, como fue ver a estos herederos de la Reforma Agraria orgullosos de ser campesinos.

Ahora nos corresponde a nosotros sentirnos orgullosos de ellos; por el aporte que realizan en el cuidado de la naturaleza, la producción de alimentos básicos y la mantención de nuestras tradiciones y cultura que son el alma de Chile.

Carlos Nuñez Vidal, vicepresidente de la Coopeumo:

“Feliz de ser campesino, orgulloso porque pude educar a mis hijas”

“Desde que mi papá arrendó y después compró una hectárea cerca de Peumo y entró a Coopeumo en el ’69, me enamoré del trabajo de la tierra y del cooperativismo. Hoy tengo 4 hectáreas de frutales, pero tenía más y debí vender por la sequía. Estuvo bien porque me permitió capitalizar. Estoy feliz de ser campesino. La Reforma Agraria nos permitió educar a nuestros hijos y que tuvieran una educación mejor que la que tuvimos nosotros que fue muy básica y salir de la real pobreza; andábamos prácticamente a pata pelá”.

Juan Corvalán Huerta, Presidente de la Unión Nacional de Agricultura Familiar Campesina Cooperativa de Chile, UNAFCOOP:

“Hoy el desafío es asociarse gremial y empresarialmente”

“Soy hijo de inquilinos de la Hacienda Ibacache Alto, luego asentamiento General Schneider y después asentamiento Jacques Chonchol en María Pinto, Melipilla. En el gobierno de Frei Montalva la Reforma hizo que el campesino se reconociera como sujeto, como persona y saliera, por qué no decirlo, de la esclavitud como asalariado.

La agricultura familiar campesina es la que produce la mayor parte de los alimentos de la población, por lo que debemos cuidar, defender y proteger a nuestro sector. Frente a los desafíos de la “aldea global”, hoy un parcelero, un mediero, un productor, un arrendatario solos no tienen mucho futuro. La alternativa son las cooperativas campesinas, agrícolas o agroalimentaria. Estamos esperanzados que la nueva Constitución promueva una economía social cooperativa y puedan haber mejores y más justas políticas públicas para apoyar a este sector”.

Rolando Escobar Acuña, Presidente de la Coopeumo:

“La Reforma tuvo aquí mejores resultados porque fue gradual”

“La Reforma la Iglesia aquí en la zona tuvo mejores resultados que la del Estado, porque fue gradual. Los dos primeros años después de la entrega de las tierras se trabajó a medias con el Obispado y permitió a los campesinos capitalizar; pasar de una a dos parejas de caballos y trabajar una mayor extensión y luego vino el primer tractor y eso nos permitió defendernos mejor de la presión por la venta de las parcelas.

En otras partes, se preocuparon de entregar tierra y no de asistir a los campesinos con asistencia técnica y créditos”.

Horacio Azocar Bustamante:

“La Reforma Agraria la elevamos a categoría de política pública superior”

Presidente de la Confederación Nacional de Cooperativas de Chile, CONFECOOP

“La Reforma fue un legado para la agricultura familiar campesina que se mantiene hasta hoy y es importante que esto se recuerde y se celebre, porque los valores cooperativos están más vigentes que nunca. Es ver el desarrollo de manera distinta: antes de la competencia, la colaboración; antes de las decisiones unilaterales, la democracia participativa; antes de la riqueza acumulativa, el bien común. La Reforma Agraria tuvo la capacidad de ofrecer una visión de desarrollo de país; da cátedra respecto de política pública. Hoy las políticas responden a iniciativas personales o intereses.”

Inquilinaje en pleno siglo XX

El inquilino era el trabajador reclutado por los grandes propietarios para la explotación de sus latifundios. Vivían en el fundo y trabajaban a cambio de regalías, es decir, no recibían salarios no tenían contrato ni previsión, sino que por su trabajo tenían derecho a ocupar una casa con su huerta y, en algunos casos, tenían participación en las cosechas o podían tener algunos animales en el fundo.

Si esas eran las condiciones, no es difícil imaginar qué pasaba si el inquilino o algún miembro de su familia se enemistaba con el patrón, la misiá o alguien de la familia del “futre”.

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