¿Es hora de repensar el nombre de nuestra región?

Desenterrando mitos o un nombre más adecuado para nuestra región

Por Edison Ortiz

Nuestra región tiene el nombre del máximo héroe de la patria. Pero las batallas, así como sus héroes, no sólo invocan a las generaciones futuras a resolver sus conflictos por medios no validados en los currículos formativos oficiales, lo que se sustenta por oposición en un país con demasiada violencia histórica. Además, se trata de figuras que no tienen ninguna relación con la historia de la región –tierra campesina y agrícola– y su geografía.   

Hoy viernes 20 de agosto se cumple el 243° aniversario del nacimiento de Bernardo O’Higgins, cuyo apelativo “libertador” fue proclamado por el dictador Augusto Pinochet en el decreto ley 1146 que promulgó el día de su natalicio en 1975.

El decreto respectivo instruía sobre el uso de la palabra: “toda referencia pública a su persona, sea de palabra, por escrito o por cualquier medio de comunicación social, o en monumentos, placas recordatorias y, en general, en cualquier clase de manifestaciones artísticas, castrenses o culturales alusivas, que emitan o efectúen en el territorio de la República o en la sede de representaciones diplomáticas chilenas en el exterior, deberán anteponer al nombre completo o apellido del insigne prócer la palabra «Libertador».

El fundamento de la instrucción del dictador es muy discutible dado lo confuso que resultó ser nuestro proceso independentista. Tal como en nuestra política actual, ese período estuvo lleno de caudillos con otros referentes como Manuel Rodríguez, los hermanos Carrera, el propio Ramón Freire o el olvidado José Miguel Infante, con méritos suficientes para alcanzar ese reconocimiento.

Sobre O’Higgins, los espacios oscuros no son escasos. No debemos olvidar que hay un documento en el archivo nacional en que el propio O’Higgins ordena cobrar al padre de los hermanos Carrera las costas de su ejecución en Mendoza. O que el día de dicha ejecución, Manuel Rodríguez entró al palacio de gobierno gritándole al director supremo que lo hacía responsable del fusilamiento de los Carrera. O la sombra de duda que existe hasta hoy sobre su rol en la muerte del propio Manuel Rodríguez.

Los hermanos Carrera tampoco se anduvieron con chicas en su relación con O’Higgins. Por ejemplo, lo dejaron abandonado a su propia suerte en el sitio de Rancagua, en una batalla que es estudiada en los institutos militares como un ejemplo de lo que no hay que hacer en una disputa militar. Vale recordar también que en Las Acequias se enfrentaron con el “libertador” en una batalla que la historia oficial siempre ignora.

En plena dictadura, en 1975, cuando se crearon las regiones, los militares carentes de imaginación no encontraron nada mejor que designar algunas con nombres salidos de su imaginario como O’Higgins o Ibáñez del Campo y con el agravante que fueran numeradas como divisiones del ejército.

Tenemos nombre de división del ejército

En fin, en plena dictadura, en 1975, se crearon las regiones, sin ninguna participación de sus habitantes en la configuración de su identidad y los militares, carentes de imaginación, no encontraron nada mejor que designar algunas con nombres salidos de su imaginario como O’Higgins o Ibáñez del Campo y con el agravante que fueran numeradas como divisiones del ejército.

Quizás si durante el siglo XIX, al momento de inventar “el mito de la nación”, fue necesario recurrir a la creación de “los héroes patrios” y guerreros con el propósito de otorgarle una cierta coherencia al relato independentista de nuestra oligarquía. Sin embargo, más de dos siglos después, cuando esa identidad está instalada y por difusa que ella sea, las figuras como la de O’Higgins ya no resultan necesarias menos si son contradictorias con los valores de una sociedad democrática e inclusiva como la que pretendemos construir. En efecto, pienso que para identificarnos como territorio, la invocación permanente sólo a los monumentos guerreros –la batalla de Rancagua, así como la figura de O’Higgins lo son– es como ‘expulsar al diablo invocando a Belcebú’.

Para nominar a una región, las figuras como la de O’Higgins ya no resultan necesarias menos si son contradictorias con los valores de una sociedad democrática e inclusiva como la que pretendemos construir.

Tales monumentos ofrecen muy escasas perspectivas para el futuro, en especial cuando las batallas así como sus héroes como símbolos de identificación territorial, no sólo invocan a las generaciones futuras a resolver sus conflictos por medios que, por lo menos en su currículum oficial, no son validados, lo que se sustenta por oposición en un país con demasiada violencia histórica. Además, porque se trata de figuras que no tienen ninguna relación con su historia –tierra campesina y agrícola– y geografía.   

Decía German Colmenares en Convenciones contra la cultura que las historias patrias, así como sus héroes, con toda su seriedad acartonada, brindan un blanco fácil a la ironía. “A un observador externo le parece el pretexto de ceremonias y rituales exóticos o un escaparate de bibelots disparatados y decrépitos”. Agrego que están también lejos de identificarse con los estilos de vida ancestrales de los habitantes de esta tierra.  

De allí que a propósito de la conmemoración del nacimiento del Libertador y en el contexto de un país que está reescribiendo su contrato social es muy pertinente, además, reabrir el debate sobre el rol en el presente de nuestros “héroes patrios” así como el de legitimar democráticamente el nombre que queremos darle a la tierra en que vivimos y en la que algún día descansaremos.

Ya circulan varios nombres: la región del Vino, los Viñedos, la de los Valles y la Costa. ¿Cuál te gustaría a ti, o propondrías como nombre para nuestra región?

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2 comentarios en “¿Es hora de repensar el nombre de nuestra región?”

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