Charles Darwin en Rancagua y San Fernando: su paso por las minas de oro de Yáquil

El naturalista inglés estuvo en las minas de Yáquil, cerca de Santa Cruz, las mismas de las que hoy se dice que aparecen y desparecen al son de la presencia del Mandinga, que se recrea en ellas jugando al tejo.

Por Mauricio Coronado y Edison Ortiz

Monumento a Darwin en el Museo de Historia Natural de Londres.

Pocos saben que el célebre naturalista inglés, Charles Darwin, autor de la teoría de la Evolución, estuvo en nuestra ciudad y recorrió gran parte de esta región.

Como se sabe, Darwin fue invitado a recorrer el mundo como naturalista a bordo de la nave HMS Beagle, comandada por el almirante Robert FitzRoy. Era el segundo viaje del Beagle, cuyo propósito fue hacer un levantamiento hidrográfico del estrecho de Magallanes, canales del sur de Chile, la Patagonia y varios puntos de Sudamérica y Australia.

Sin embargo, el viaje de FitzRoy iba a ser el mas comentado de la travesía, por la fama que adquiriría más tarde el naturalista inglés que, hasta allí, era sólo uno más del barco y no representaba ningún valor para la tripulación y menos para FitzRoy. El comandante estaba convencido del origen divino del hombre, convicción que llevó al desavenimiento con Darwin, explicitada en el viaje.

Ruta que realizó Darwin en su recorrido por Rancagua y la Región de O’Higgins.

Darwin estuvo en la Región entre los días 6 y 25 de septiembre de 1834, y alojó en la villa de Rancagua, para luego ascender hasta las Termas de Cauquenes.

Imagen de las Termas de Cauquenes.

Su visita a las minas de oro de Yáquil, explotadas por el norteamericano Mr. Nixon, entre el 15 y 17 de septiembre, quedó consignada en su diario como un episodio grato:

“…San Fernando está situado a 40 leguas de Santiago; es el punto más al sur de mi viaje; pues al abandonar esta ciudad nos encaminamos hacia la costa. Pasamos la noche en las minas de oro de Yaquil, explotadas por Mr. Nixon, un americano que me hace muy agradables los cuatro días que vivo en su casa. La primera mañana fuimos a visitar las minas, situadas a algunas leguas, cerca de la cumbre de una colina bastante alta…”

De este modo, el hombre que revolucionó la teoría sobre el origen de las especies, inició su ascenso hacia las minas en la mañana del 16 de septiembre de 1834.

Recreando la ruta de Darwin

Como en los tiempos del naturalista inglés, el paisaje en la ruta de las minas de Yáquil sigue cubierto por un denso bosque esclerófilo. Bosques de robles de la variedad Nothofagus glauca, conocido como roble Gualo y una densa flora que crece al abrigo del sotobosque, pueblan las rutas y altos desde los que se ve, a lo lejos, San Fernando, esta vez detrás de una película de smog que no se interpuso en la visión de Darwin en 1834.

Aquí, un grupo liderado por quienes redactamos esta nota, intentamos reconstruir la ruta de Darwin hacia las minas de Yáquil, en las proximidades de Santa Cruz.

El ascenso se inicia subiendo un sendero entre arbustos, la Loma del Arbolito, hasta llegar a un lugar muy amplio, de tierras blancas y bien huelleado, es un tramo relativamente largo que luego se cierra y aparece otro similar, que permite seguir avanzando hasta llegar a una bifurcación, siempre en subida. El paisaje, al igual que en esa época, sigue cubierto por un denso bosque esclerófilo.

El sendero continúa en escala, pero con dirección al norte para volver abruptamente al sur. Es una ruta de tierra blanca, extensa, que al llegar al Paso del Macho permite un alto para abastecerse de agua y, de ahí, continuar avanzando entre bosques de robles de la variedad Nothofagus glauca, conocido como roble Gualo. Más arriba, nuevamente la huella se cierra, hasta llegar a un tramo en que se abre una vía de aproximadamente un km., para luego comenzar a cerrarse en medio de un bosque nativo que impide ver el cielo. A continuación, se retoma la dirección norte entre arbustos y vegetación y ya no se ven restos de tierras blancas, hasta conectarse con la otra huella.

Mauricio Coronado, posando, con los extensos bosques esclerófilos de fondo.

Luego, se retoma la dirección norte, donde el ascenso es más suave, y se abren los matorrales durante algunos metros hasta llegar a la cima, por el sector llamado Los Corrales. Desde allí se observa una espectacular vista del valle del Tinguiririca y San Fernando, tal como lo evidenció Darwin, divisándose, al fondo, los volcanes Descabezado Chico y Grande pertenecientes a la Región del Maule. En la cima, el sector es plano y está cercado con pircas, algunas, probablemente de origen incaico. En la geografía que observó el naturalista inglés, lo único que ha cambiado desde entonces es, sin duda, la extensa nube de smog que se sitúa sobre la antigua villa de San Fernando.  

Pircas en el sector de Los Corrales

                                        Sector de Las Canchillas

Valle del Tinguiririca

Donde el Diablo juega al tejo

Allí arriba, en una extensa planicie ubicada sobre los 1700 metros, nuestro guía –un profundo conocedor de las ancestrales rutas de ascenso en Colchagua-, no sabe que allí estuvo Darwin, pero sí nos confiesa que la tradición oral, trasmitida de generación en generación, cuenta de la existencia arriba de unas “minas de oro encantadas que aparecen y desparecen”, y que corresponderían a un señor que hizo pacto con el Diablo. Ese es el origen de los relatos según los cuales, arriba se ha visto al Mandinga, jugando al tejo y corriendo sobre un animal negro. Finalmente, llegamos hasta el sector de las minas, pero ya no quedan vestigios de ella.

También quisimos repetir la experiencia darwiniana cuando, mirando hacia el poniente, observó lo que era, entonces, la laguna de Tagua-Tagua:

“…En el camino vimos el lago de Tagua-Tagua, célebre por sus islas flotantes, que ha descrito Mr. Gay. Estas islas se forman de tallos de plantas muertas cabalgando unos sobre otros, y en cuya superficie nacen otras plantas; son, por regla general, circulares y llegan a adquirir un espesor de cuatro a seis pies, cuya mayor parte va sumergido. Según el lado de donde sople el viento pasan de una a otra orilla del lago y llevan a veces como pasajeros caballos u otros animales…”

Vista desde el sector cerro La Sepultura, hacia San Vicente de Tagua-Tagua.

Por supuesto que ya no se observa la laguna que deslumbró a Darwin y, antes, a Claudio Gay.

Sólo nos quedó la sensación de haber estado en un lugar mítico donde alguna vez se hizo presente la historia y cuya flora, fauna y geología contribuyó con un granito de arena a cambiar la concepción sobre nuestro origen.

Con mucho cansancio y emoción, Ricardo, Mauricio, Felipe, Enrico, y Edison, iniciamos el viaje de regreso.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

3 comentarios en “Charles Darwin en Rancagua y San Fernando: su paso por las minas de oro de Yáquil”

  1. El 5 de septiembre de 1834 Darwin cruzó el río Maypu (sic) y pernoctó en una hacienda donde fue atendido por «simpáticas señoritas». El día 6 durmió en Rancagua, pero no dice donde. En los «hot-baths of Cauquenes debió permanecer 5 días por lluvias torrenciales. La visita a las minas no le fue agradable, a pesar de la atención de Mr. Nixon. Los mineros estaban pálidos, trabajando casi desnudos, con jóvenes de 18 y niños de 12 años. Debían subir del socavón con 90 kg de rocas. Trabajaban tres semanas con 2 días de descanso por un bajo salario. Dice Darwin que el dueño «treat them like horses», y los alimentaba sólo con pan y porotos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Otras Noticias

El despojo del Wallmapu en la pluma de Patricio Manns
15 octubre 2021
Constituyentes de O’Higgins: armonía y trabajo territorial
15 octubre 2021
El caprichoso trazado de Convento Viejo en su paso por Lolol
15 octubre 2021
El periodista del poder y sus 10 frases célebres en Pichilemu
15 octubre 2021
Testimonio de un preso del estallido: forzado a declararse culpable
15 octubre 2021
Los Diez Cerros Emblemáticos de O´Higgins
15 octubre 2021