El Fanta y el antiguo vínculo de Ponce Lerou con el PC

En la oscuridad de algún rincón de Punta Peuco, murió hace pocos días el Fanta, Miguel Estay Reyno, colaborador de la CNI condenado por el asesinato de los profesionales comunistas Parada, Guerrero y Nattino. En uno de los pliegues de su historia está escrito el momento en que se topó con uno de los empresarios de la dictadura, Julio Ponce Lerou, artífice de la corrupción que contaminó a políticos desde la UDI al socialismo.

Por Edison Ortiz

El sábado 4 de septiembre, la prensa anunciaba el fallecimiento de Miguel Estay Reyno, alias “El Fanta”, diminutivo de Fantomas, el apelativo que recibió por su afición a leer ese popular comic de la época.

Ex militante de las Juventudes Comunistas durante la Unidad Popular, colaboró con la CNI en dictadura. Por su participación en el asesinato los profesionales comunistas Santiago Nattino, Manuel Guerrero y José Manuel Parada fue condenado a cadena perpetua. Murió solo y abandonado como ocurre con todos quienes colaboraron con la dictadura. Se había contagiado de Covid-19 el pasado 10 de agosto en Punta Peuco luego de recibir una visita.

En las oscuras páginas de la historia de El Fanta, hay un capítulo que lo vinculó con Julio Ponce Lerou, el ex “yernísimo” de Pinochet, incombustible empresario de SQM que ha repartido dinero a diestra y siniestra del arco político. Sucedió en el antiguo barrio 10 de julio de Santiago.

Es 1973, la política se había tomado la cotidianidad. El popular barrio 10 de Julio no escapa a ese proceso, viviendo “a concho” el gobierno popular. Campeaba sin contrapesos el Partido Comunista y, en menor medida, los socialistas. La calle era territorio de la Brigada Ramona Parra y también de “El Fanta”, el Gitano (hombre emblemático de la BRP) y jóvenes militantes de la Jota. La célula más masiva e importante se reunía habitualmente en una casa en Nataniel Cox, a media cuadra de 10 de julio, donde viven dos hermosas y jóvenes hermanas, las Ponce, también comunistas, que dan vida a la militancia del barrio.

Pero llegó el Golpe y concluyó el sueño de “tomar el cielo por asalto”. Sonreía el cura Hasbún y los Huasos Quincheros se burlaban en TV de la desgracia ajena.  Se iniciaba para miles de chilenos “la noche triste”, y las fotos degradaban a blanco y negro. En 10 de julio se inició la persecución a los adherentes de la UP: unos fueron detenidos, otros alcanzaron a arrancar por techos, resistieron como pudieron o salieron al exilio. Hay una última salida: cambiarse de bando y esa es la decisión que toma la familia de las hermanas Ponce. De conspicuas militantes del PC, de la noche a la mañana abrieron una tienda de ropas que prestó servicios a los militares y el negocio no sólo funcionó, sino que resultó exitoso. Más tarde, al concluir sus estudios universitarios, un sobrino que vivía con ellas encontró trabajo junto a uno de sus primos. Quien lo apoya inició su carrera sólo con su título profesional pero ya en 1978 dirigía Celulosa Constitución y más tarde asumiría como gerente general de empresas Corfo. En 1983 era un hombre millonario pues cuando se privatizó Soquimich (SQM), se quedó con el pedazo grande de la torta en su condición de yerno del dictador. Era Julio Ponce Lerou.

Años más tarde, cuando estalla la financiación ilegal de campañas no pocos se extrañarán al descubrir que el ex yerno de Pinochet, ya famoso con el caso Cascadas, construyó una red transversal de apoyo que iba desde la UDI al PS. Una red que, por lo menos, contaba con el silencio sepulcral de la jerarquía del PC, liderada por Teillier y Carmona. Aquel vínculo sólo se justificaba por el miedo de Ponce a la expropiación de SQM en cuanto llegara la democracia.

Y como su ex suegro, Pinochet, hizo perro muerto y logró zafar al punto que en el caso de las platas políticas, ni siquiera fue citado a declarar. Por razones de Estado – “que de sinrazón”, decía Joaquín Sabina-, se tomó aquella decisión pues, de lo contrario, no sabemos hasta dónde pudiese haber llegado el desborde de la cloaca.

El Fanta se fue con la parte más profunda y menos conocida de esa historia del intocable de la justicia chilena.

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