La (inconclusa) Batalla de Chile y su impacto presente

El Chile de hoy también se parece a ese, porque al final del día, hay cuestiones que no cambian o no terminan de cambiar

Por José Acosta

Decir que es una vergüenza que la televisión “pública” chilena se haya hecho la de las chacras (con el respeto a la localidad de La Estrella), con la historia real de Chile, es un hecho del que pruebas sobran: compra de derechos de exhibición de documentales que nunca se dieron o que, como en el caso de El diario de Agustín de Ignacio Agüero, si se exhibieron fue a la 01:30 de la madrugada. O, en el caso de Nostalgias de la luz, del requete nombrado por estos días Patricio Guzmán, lo hicieran sin el título, sin la parte introductoria, en fin, cortando a diestra y siniestra sin ningún tipo de respeto. Y, como si fuera poco, también exhibido pasada la medianoche. Que lo último haya sucedido en un gobierno de derecha (Piñera 1), podría, digo podría, entenderse. Pero que la primera situación haya ocurrido en el gobierno de Lagos con Daniel Fernández, como presidente de TVN, significa que no hicimos bien la pega.

Pero así fue (y fuimos) en esa transición “trucha” como la definió Marta Lagos, marcada por los poderes fácticos y que terminó por demostrar que cuando se gobierna para la derecha, es ella la que termina ganando y tanto, que la bofetada (dada por nuestros propios hijos) nos llegó de frente a la cara con el estallido social.

Y dentro de los poderes fácticos, el económico -y endogámico- de nuestro país, en el que Carozzi, que “le encanta” a José Antonio Kast y a quienes no quieren por nada del mundo que Chile cambie (“para qué, si estamos tan bien”), ha hecho una demostración de fuerza más, quitando su publicidad a La Red como sanción por transmitir el documental La Batalla de Chile, de Patricio Guzmán. Más de alguien dirá que actuaron conforme a sus principios y ejerciendo una libertad. Puede ser. Pero si así fue, entonces sería bueno que aclarasen a todas y todos cuáles son esos “principios” sobre los cuales se basan, para así poder decidir si los compartimos o no, porque a priori, suenan a discrecionales. De hecho, en esta lógica, las AFP nos debieran preguntar por “nuestros principios” a la hora de apoyar a los grupos económicos; porque sólo en Chile se da el caso que los ahorros previsionales de los trabajadores van a empresas que luego se coluden y/o cobran tasas de intereses excesivas y/o les exigen cheques para atenderlos en una emergencia médica. El mundo al revés.

Es cierto como dicen mis compañeros pinochetistas del cole, que el documental en cuestión, es una visión sesgada de la realidad. La verdad, es que toda interpretación de un hecho siempre será sesgada en función de la posición que posee o adopte el observador. Así y todo, La Batalla de Chile, es un registro histórico de luces y sombras de un país al que imagino pocos quisieran volver. Sin embargo, una cuestión que me llamó la atención fue la capacidad de expresar ideas de l@s trabajador@s y poblador@s entrevistados; ya nos la quisiéramos hoy en los ciudadanos de a pie que suelen entrevistar los matinales.

Era otro Chile, qué duda cabe. Otros tiempos como diría un antiguo, pero ojo que el Chile de hoy también se parece a ese, porque al final del día, hay cuestiones que no cambian o no terminan de cambiar a menos que haya normas claras y fuertes que impidan determinadas discrecionalidades, por una parte y permitan al Estado garantizar el bien común, por otra. No como estamos hoy, entre Tongoy y Los Vilos, donde se salvan los que tienen la billetera más grande, porque no se cuenta con un Estado que pueda brindar esa igualdad ante la ley tan necesaria para la cohesión social de una nación.

El hecho es que necesitamos contrapesos a los poderes. De no existir, terminarán ganando siempre los mismos. Los mismos que no han querido ceder una parte de sus privilegios para una paz social más duradera. Los dueños del capital; de las pensiones, de la salud, de la educación privada, de los medios de comunicación. Los mismos que hoy formaron parte del 20% que no quería y sigue no queriendo una nueva constitución para Chile e intentan enlodar cada día a la constituyente. Los que ayer se opusieron a eliminar a los senadores designados, al divorcio, al aborto en tres causales, a la regionalización, a los retiros del 10%. Los que niegan la posibilidad del matrimonio entre parejas del mismo sexo, y que cuando deben enfrentar tribunales, por lo que sea, no “les sale ni por curao”. Los que se ríen de los flaites, pero que no dudan en evadir y eludir impuestos, cuestión que en cualquier país desarrollado es de las peores ordinarieces que se puedan cometer. Los que siempre van a decir que no es el momento de mejorar el salario de los trabajadores, porque, o ponemos en riesgo las tasas de crecimiento o la inversión, pero que luego se coluden para seguir aumentando sus ya pingües utilidades.

Por suerte hoy las comunicaciones, que no los medios, nos enseñan que hay otras realidades que el sistema oficial no ha querido mostrar; que existen fondos de pensiones dirigidos por los propios trabajadores como en Canadá, que son tanto o más eficientes que las famosas AFP, o que hay sistemas políticos y económicos, en donde se conjugan de mejor manera libertad e igualdad y no como aquí, que la primera existe para unos pocos, y a la segunda, la mayoría no la conoce.

Por suerte hoy las comunicaciones, que no los medios, nos enseñan que hay otras realidades que el sistema oficial no ha querido mostrar; que existen fondos de pensiones dirigidos por los propios trabajadores como en Canadá, que son tanto o más eficientes que las famosas AFP, o que hay sistemas políticos y económicos, en donde se conjugan de mejor manera libertad e igualdad y no como aquí, que la primera existe para unos pocos, y a la segunda, la mayoría no la conoce.

En fin, que la batalla de Chile por la justicia e igualdad aún no se termina de librar y espero que no sólo la educación y salud de calidad, a lo menos, sean un derecho, sino que también, contar con una televisión pública decente que eduque y entretenga con imaginación (“Ojo con el arte”). Porque de completos, lomitos y comida rápida estamos, como estamos: hasta las narices (y obesos).

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