18 de septiembre, origen y consolidación de una fiesta

En todos los puntos de la república, los rituales cívicos han sido necesarios para fortalecer la imagen de un Estado Nación, lo que contribuye a alcanzar una memoria colectiva de los habitantes del país, no importando lo desigual que pueda parecer la sociedad. En esta fecha, en definitiva, todos festejamos.

Por Víctor León Donoso

Parece curioso saber por qué cada 18 de septiembre festejamos un aniversario más de nuestra independencia, pregunta válida si sabemos que esta fecha sólo marcaba la realización de un Cabildo Abierto en el que un grupo de criollos o una parte de la élite juró fidelidad al rey de España Fernando VII, cautivo desde 1808 por Napoleón Bonaparte. Más si el propósito de este evento fue, tácitamente, mantener la soberanía española mientras era usurpado el trono por el hermano de Napoleón, José Bonaparte. Al año siguiente, la fecha incluso será conmemorada por José Miguel Carrera, realizando un baile en la Casa de Gobierno.

Será durante el mandato de Carrera, en la Patria Vieja, cuando recién aparecen las primeras ideas de independizarse, lo que obviamente provocará un énfasis en los actos de conmemoración.

Luego de la Reconquista española, y una vez conseguida la definitiva independencia de Chile, se comienzan a sumar otras fechas como “Fiestas Patrias”.

Así sucede con el 12 de febrero, en recuerdo de la batalla de Chacabuco de 1817 cuando, luego de sortear la Cordillera de los Andes con más de tres mil soldados, el Ejército Libertador encabezado por San Martín y O´Higgins triunfa sobre los españoles. También se hace alusión al 12 de febrero de 1818, día en que se proclama la independencia. La otra fecha fue el 5 de abril, que recordaba la batalla de Maipú en 1818.

Entre la ceremonia oficial y la chingana

Desde aquellos momentos, la élite criolla se esmera en la construcción de este naciente estado, que no estaba legitimado por el bajo pueblo, para quienes no significará ningún cambio el ser chileno o español. Por lo anterior, la élite enfatiza la promoción del carácter de nación, creando un imaginario nacional graficado en banderas, himnos o escudos que permitirán desplazar a los antiguos símbolos coloniales. Y utilizará los periódicos, panfletos y hasta la prédica de los curas para crear conciencia de nación. Pero será la fiesta cívica el medio más efectivo para inculcar la consigna de esta nueva nación en los distintos grupos sociales, en especial en el esquivo bajo pueblo.

La historiadora Paulina Peralta en su libro “¡Chile tiene fiesta!” alude razones económicas y religiosas que llevan a la élite a terminar con los festejos en tres fechas distintas en el año. En 1824 se decreta el fin de la fiesta del 5 de abril, debido que coincidía con la Semana Santa. También por razones similares, en 1837 bajo el estado portaliano, se dejan nulos los festejos del 12 de febrero, fecha que coincidía también con el inicio de la Cuaresma, pero principalmente porque en esos días se hacían las cosechas y era común la ausencia de trabajadores por las fiestas masivas.

Debemos distinguir desde los primeros festejos dos espacios: uno ligado a la fiesta oficial, apegada a los rituales republicanos, religiosos y propios de la elite política. Y un segundo espacio unido al carnaval, la chingana o la fonda en la que se festejará de manera más libre, con alto consumo de alcohol, música y baile.

Dentro de los primeros, resaltan los rituales previos al 18 de septiembre como el blanqueo de la ciudad, medida contemplada en reglamentos que en las ciudades obligaba al blanqueo de las murallas que daban a la calle, con el fin de hacer resaltar los colores de la bandera que se colocaba en la puerta. La plaza de armas de cada ciudad se llenaba de banderas y escudos que representaban los símbolos patrios. Y entre el 17 al 24 de septiembre, las autoridades locales organizaban una gama importante de actividades que abarcaban la ejecución de música a cargo del batallón cívico, premios a alumnos destacados de las escuelas o fuegos artificiales.

El 18 en San Fernando en Marchigüe

A nivel comunal, se destinaban días específicos para los festejos. Durante el siglo XIX se extendían desde el 17 al 23 de septiembre, y cada día poseía rituales simbólicos que buscaban la participación de todos los actores de la comunidad.  El día 17 de septiembre tenía un tono más cercano a los establecimientos educacionales, el día 18 un carácter cívico y religioso, el día 19 representará a la milicia y los restantes días eran dedicados a actividades para la comunidad.

Así se ve reflejado, por ejemplo, en las actividades de Fiestas Patrias en San Fernando en 1865 según el periódico El Porvenir:

“Día 17 A las dos de la tarde tendrá lugar la repartición de los premios a los alumnos del liceo en la sala municipal y asistirá la banda de música.  A las oraciones se pondrán luminarias al frente de todas las casas.

Día 18.- Al salir el sol se enarbolará en la plataforma de la plaza el pabellón nacional …  A las diez del día el Batallón Cívico vestido de parada se encontrará en la plazuela de San Francisco para hacer los honores al señor Intendente y demás corporaciones que a las diez y media asistirán a Misa de Gracia que se celebrará en dicha iglesia.   A las siete y media habrá fuegos artificiales en la plaza principal y la música tocará varias piezas durante ellos en la plataforma.

Día 19.- A las once del día se encontrará formado el Batallón Cívico de esta ciudad en la plazuela de San Francisco, y vestido de gran parada, a la una de la tarde se dirigirá al Campo de Marte, en donde tendrá lugar la Revista de costumbre. 

Día 20.- En el Campo de Marte habrá a las dos de la tarde palo encebado, rompecabezas y juego de cabezas, adjudicándose un premio a los dos primeros juegos. 

Día 21.-En el mismo campo se repetirán los juegos del día anterior, y además habrá carrera de burros al gana pierde, asignándose un premio al que obtenga la ventaja.”

Los festejos del bajo pueblo se centraban en la chingana en el ámbito urbano y en las ramadas en zonas rurales.  Estos dos espacios de diversión son propios desde el periodo colonial (siglo XVI) hasta fines del siglo XIX.   Otro espacio eran las fondas que se realizaban en los lugares donde había hospedaje, pero se caracterizaban por ser ambientes de consumo de alcohol, baile y canto.

En pueblos como Marchigüe destaca en 1915 el programa dieciochero con las instituciones más importantes de la sociedad tradicional, sumado a actividades propias de la época  como la caza de zorros y las prácticas deportivas que comenzaban a adquirir importancia en los inicios del siglo XX: “Día 17.- Al amanecer gran zorreada, con una partida de perros amaestrados en los cerros de Marchigüe. El embanderamiento general de la población. Un saludo a la bandera, a la salida del sol, de 21 cañonazos. A las 5 pm fondas públicas. La cueca con tamboreo y huifas.

Día 18.- 9 am recibimiento de la banda de músicos en la estación.  Esta recorrerá las calles del pueblo tocando marchas marciales.  9.30 am misa solemne, oficiada por el cura de Alcones señor Camilo.   12 pm Banquete para los alumnos de la Escuela de Hombres, ofrecido por su preceptora señorita Mercedes Cifuentes. 14 pm reunión del pueblo en la cancha Sportman, juegos atléticos.  4 pm topeaduras y gran carrera de caballos, entre yeguas de La Estrella y corre- vuelta sobre paradas”.

La prensa hace gala de los comentarios de los distintos actos que se realizaban en la provincia. El periódico El Cometa de Paredones en 1907 describe el acto cívico realizado en el colegio del pueblo: “Creemos que nunca había tenido lugar en este pueblo solemnidad semejante, y no nos imaginábamos que hubiera niños en dicha escuela capaces de desempeñar tan lúcidamente su papel en representaciones de esta naturaleza y que produjeran tan buena impresión en el público. En la Canción Nacional, la señorita Emma Ramírez supo interpretar fielmente su papel de República, manteniéndose inmóvil durante todo el tiempo en que se cantó la canción.  Su simpática presencia llamó con justicia la atención del público.”

Así en Marchigüe como en San Fernando, y en todos los puntos de la república, los rituales cívicos han sido necesarios para fortalecer la imagen de un Estado Nación, lo que contribuye a alcanzar una memoria colectiva de los habitantes del país, no importando lo desigual que pueda parecer la sociedad. En esta fecha, en definitiva, todos festejamos.

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