Los Pandora Papers, el presidente Piñera y la cultura piraña

La cultura piraña, que bien encarna el presidente de la república, explica casi completamente un estilo que ha deteriorado el quehacer político, empresarial e incluso social de nuestro país. Construir imperios con dinero ajeno, armar tinglados legales en beneficio propio, comprar voluntades, usar y abusar información privilegiada son señas de un modelo que no da para más.

Por Edison Ortiz

Se ha hecho pública la información de los Pandora Papers donde nuevamente aparece involucrado el presidente Piñera en una operación que puede, tal vez, ser legal, pero que está en las antípodas de la moral pública propinándole a la derecha, y en especial a su candidato Sebastián Sichel, una estocada mortal de la cual, será muy difícil que se pueda volver a levantar. Terreno fértil para que se consolide y crezca la candidatura de José Kast, intentando dar alguna luz al final del túnel a una derecha que, como en la balsa de la medusa, navega sin rumbo y sin destino.

Los documentos difundidos por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) aporta nuevas piezas para continuar conociendo la maraña que se teje en torno a las sociedades offshore del controvertido mandatario, es decir, en paraísos fiscales. Tal como se sabe, en la documentación entregada, sus cuatro hijos reconocen que la fuente de sus activos en Islas Vírgenes Británicas provienen de los negocios de su padre, uno en forma de donación y el otro por intereses de capital de Bancard lo que, además, abrió la duda sobre si se pagaron los impuestos respectivos.

De paso, también se supo que el presidente habría vendido la minera Dominga a su amigo Carlos choclo Délano por U$ 150 millones, estableciendo un pago en tres cuotas, pagándose la última siempre y cuando no hubiera cambios regulatorios que pusieran freno a la instalación y que, como se sabe, dependían de decisiones del gobierno que encabezaba quien vendió la empresa.

A la crisis y desplome de las instituciones, una de cuyas aristas más significativas es el hundimiento de la figura de la presidencia de la república, se suma el ethos empresarial predominante que se instaló allá por la década del sesenta y uno de cuyos mayores referentes hoy en día, es el presidente de la república. Nos referimos a la cultura Piraña.

Del grupo Piraña al presidente Piñera

Se ha hecho costumbre –y nosotros también nos hemos habituado a ello– que el presidente Sebastián Piñera tienda a normalizar sus ilícitos, permanentemente.

Aquello que comenzó con el Banco de Talca, que continuó con sus hijos acompañándolo en la gira presidencial a China, haciéndose presentes en las principales mesas de negociación, hasta la difusión de los Pandora Papers, son la expresión de una larga lista de movimientos muy discutibles del actual mandatario.

La lista, sin ser exhaustiva y sólo enumerando lo más reciente, es larga. En varios de esos casos, usó información privilegiada:

  • El caso Chispas.
  • La adquisición de acciones de LAN.
  • El caso Cascadas, con un ingreso y salida como accionista que le generó en la pasada más de U$ 213 millones. 
  • El rol de Bancard, una de sus empresas, en la compra de la pesquera peruana Exalmar mientras se desarrollaba el juicio Perú – Chile en La Haya.
  • El financiamiento ilegal de su campaña por Penta y SQM, que significó la formalización de su ex administrador electoral, Santiago Valdés (aunque en este caso “mal de muchos…”).
  • Intervención en la bajada de la minera Barrancón y la aparición de la minera Dominga, perteneciente a su familia, que operaría en el mismo sector de la anterior.
  • Su papel como empresario zombie, pionero en la compra de empresas quebradas con el fin de usar sus pérdidas para esconder utilidades y así eludir impuestos. Bancard (hoy Odisea), por ejemplo, el family office de los Piñera Morel, acumuló las pérdidas de arrastre de la empresa zombie quebrada en los ‘80, Compañía de Desarrollo Industrial y las declaró como propias entre 1995 y 2004, pese a que durante casi todo ese período tuvo utilidades. Ese “ejercicio” contable le permitió eludir el pago de $2.862 millones en impuestos.

Seguramente, el futuro nos deparará más sorpresas, como acaba de mostrar el Pandora Papers.

Ese camino del presidente siempre por la cornisa, y en alguna oportunidad traspasando el límite, como lo atestigua su declaratoria de reo por su rol en lo acontecido al Banco de Talca, nos lleva a preguntarnos en qué momento de nuestra historia nacional se instaló un modelo empresarial que flirtea con la delincuencia.

Hacer luz en ese comportamiento orienta el foco sobre el efecto que tuvo en todo el sistema. Lo que ha ocurrido en el mundo político, el Ministerio Público, la corrupción en las Fuerzas Armadas y de Orden y las conductas delictuales en las iglesias son prueba de ello. Y qué decir de la delincuencia y el narcotráfico, siempre sobre expuestos por los medios que controlan los mismos grupos empresariales que instalaron la lógica de la selva en los negocios.

La corrupción no es algo nuevo en la política chilena, como lo demostró Hernán Ramírez Necochea en relación con la Guerra del Pacífico y el llamado fondo del soborno que emplearon los ingleses para comprar miembros activos del parlamento chileno. Hoy, lo novedoso de es que las cifras en juego son siderales. Ya no se trata de camionetas, regalos o un pequeño estipendio para el parlamentario o funcionario público; se trata, lisa y llanamente, de corrupción a gran escala.

La corrupción hunde raíces en los ’60

Hay quienes sostienen que el antecedente remoto del modelo empresarial “piraña” tiene sus orígenes a mediados de los años ’40 del siglo pasado, cuando se impone sobre la vertiente “humanitarista” impulsada por la naciente Falange. El propio padre Alberto Hurtado quiso que su obra, la Unión Social de Empresarios Cristianos, USEC, tuviera esa impronta “humanitarista”.

El texto Crónica secreta de la economía chilena, de Carlos Tromben, sitúa el inicio del mito empresarial en la década de los ‘60, cuando Manuel Cruzat formó parte del grupo Piraña -adjetivado así por la voracidad con que crecía- que encabezaba Fernando Larraín. Según el texto, cuando el grupo se dividió, Cruzat recibió el mandato de reorganizar las empresas, surgiendo lo que se conoció en la jerga del autor como “el submarino amarillo”, que “al igual que en la película animada de 1966, cuyos protagonistas son versiones psicodélicas de Los Beatles, el submarino amarillo de Manuel Cruzat es una embarcación surrealista cuyo combustible es el dinero ajeno”.

Operan tras bambalinas, en el contexto de un gobierno que tiene mucha inversión debido a la Alianza para el Progreso y un grupo empresarial dispuesto a colaborarles.

Son los tiempos en que nace Sigdo Koppers, empresa a la que la familia Frei Montalva estuvo tradicionalmente ligada. Los contratos del Estado, sea por Corvi (luego Minvu), MOP u otras agencias del Estado, presagian un futuro feliz para los inversionistas vinculados con el fisco.

Es por aquel tiempo que, el fallecido Anacleto Angelini y Jorge Awad, inician sus negocios en gran escala.

Pero volvamos al grupo Piraña. Su estrategia fue crecer en base a deuda y capital ajeno. Cuando se quedaba sin dinero, debía volver a la superficie para reabastecerse, episodios a los que seguían acusaciones de estafa, apropiación indebida, operaciones con partes relacionadas y contratos financieros truchos.

La revista Qué Pasa de septiembre de 1981 caracterizo así a Cruzat: “es el más joven y estudioso de los diez ricos. Pasan semanas sin que se aparezca por la oficina, dedicándose concentradamente durante todo ese tiempo a la investigación de temas que le interesan, cuyos conocimientos y conclusiones aplica posteriormente en sus negocios”.

Generaciones enteras se formaron en esa escuela que tuvo como epicentro a la Pontificia Universidad Católica de Chile, transformándose, muchos de ellos, en parte de la tripulación del submarino amarillo de Cruzat.

Una larga lista donde se incluye el triunvirato de Carlos Eugenio Lavín, Carlos choclo Délano y “Hugolín” Bravo y un joven Piñera, de paso breve por el submarino, pues pronto descubrirá que puede navegar por sí mismo y con el mismo combustible.

Toda una generación que, una vez derrotado el proyecto popular de Allende, estuvo disponible para instalar el primer experimento monetarista en América Latina que tanta sangre, dolor y lágrimas le costó al pueblo chileno.

En la escuela piraña hizo carrera el actual presidente de la república. De ahí su pulsión permanente a andar, casi siempre, por los límites de la vida, como acaba de ejemplificarlo. Una vida con excursiones permanentes en la jungla del capitalismo salvaje que se consolidaba en Chile, en la que campeaba el uso y abuso de información privilegiada.

En esa escuela hizo carrera el actual presidente de la república. De ahí su pulsión permanente a andar, casi siempre, por los límites de la vida, como acaba de ejemplificarlo. Una vida con excursiones permanentes en la jungla del capitalismo salvaje que se consolidaba en Chile, en la que campeaba el uso y abuso de información privilegiada.

Transformado en un mito, el ethos empresarial piraña fue caricaturizado por Coco Legrand en los ’80 con el personaje del “cuesco Cabrera”, el ejecutivo joven, neoliberal, con postgrados en Estados Unidos y con una ambición sin límites. El “cuesco” era, sin duda, el joven Piñera. Cuadra plenamente con ese perfil laconocida la anécdota que lo grafica de pies a cabeza: la misión de explorar el negocio de tarjetas de crédito en Estados Unido, encargada por Ricardo Claro, que lo distanció definitivamente y para siempre del empresario.

El ethos Piraña hace trizas nuestra democracia

Esa ética empresarial se consolidó con la transición y condujo a sus protagonistas a incursionar en una nueva dimensión: la política.

Sebastián Piñera, cuya leyenda dice que votó por el no, se hizo millonario al alero de los partidarios del , y se transformó prontamente en un ícono a imitar en los inicios de una transición que, contrario a lo prometido, no quiso revisar la venta irregular de empresas públicas, ni tampoco se arriesgó a promover una nueva ética empresarial que superara el ethos piraña.

El actual mandatario abrazó rápidamente una carrera senatorial por RN, luego que al conocer sus intereses presidenciales, Aylwin lo mandó a la fila y ésta, por entonces, era muy larga.

Optó, entonces, por transformarse rápidamente en el nuevo ícono transicional – ¿se acuerdan de la patrulla juvenil? – que mejor hizo la síntesis entre lo que ocurriría entre política y dinero.

Dan cuenta de ese estilo Enrique Correa, transformado en uno de los principales lobistas de la plaza, la dramática mutación de Jaime Estévez, Ricardo Solari, Osvaldo Puccio, o del mismísimo ex presidente Frei Ruiz Tagle, que no se suelta de Piñera, mientras usa su cargo para exportar vinos a Asia.

Epílogo: hacia un nuevo ideario empresarial… y político

El modelo exitoso, empleado por el actual mandatario para hacerse con la presidencia de la república -que, por cierto, se asemeja más a una operación en la bolsa que a un noble ideal de compromiso público con su país – no resiste más.

La crisis en las Fuerzas Armadas y de Orden, la del Ministerio Público, cuyo epicentro se desarrolla en Rancagua; la crisis del modelo Piraña que impulsó Manuel Cruzat, tampoco aguantan más.

Se hace urgente una nueva ética empresarial y política que posibilite la delimitación de ambas dimensiones con el fin de desarrollar una institucionalidad sana. Sólo sobre esa base, podremos recuperar la confianza en las instituciones y en la fe pública.

De lo contrario, será muy difícil convencer a narcos y a los delincuentes de poca monta que hacen portonazos que están equivocados, cuando hoy tienen verdaderas escuelas del delito, si miran a nuestras élites.

Y la cosa se puede poner todavía más grave. Sobre todo si la democracia no logra convencer a millones de chilenos, que miran estupefactos cómo se hace trizas nuestra institucionalidad, para que vayan a votar en la próxima elección.

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1 comentario en “Los Pandora Papers, el presidente Piñera y la cultura piraña”

  1. Roberto Andereya Vera

    Más claro hecharle agua, debiera ser de conocimiento y análisis público para que en conciencia cada chileno (a) defina su opción en las elecciones de Noviembre próximo, dentro de las pobres alternativas que se tienen. Falto mencionar los US$ 50.000 millones perdidos, durante los últimos 30 años en CODELCO por corrupcion, mala gestión, indolencia e incapacidad.

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