Todas y todos íbamos a ser neoliberales

“No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”. 

Adam Smith

Los Prisioneros – Quieren Dinero (Audio)

La experiencia cotidiana de las personas en la vida neoliberal, modeló un sistema de creencias que se enquistaron en el alma de la ciudadanía transformando los vínculos sociales y afectivos en mercancía. Como el pez que no puede ver el agua o nosotros al aire, se convirtió en una pauta de conducta dominante que la evaluación y toma de decisiones se enfocara en una integración social individualista, dando paso al nacimiento del mercado de las identidades que, al igual que la segmentación de clientes, incubó el surgimiento de nuevas banderas.

Marcel Albano

Cambalache: en el mismo lodo todas y todos revolcados

¿Es el cómo y el por qué, es el presente y el futuro, es una humana condición o es nuestro estúpido sistema? Se ha vuelto popular usar el mote “neoliberal” para llamar a cualquiera que defienda la perspectiva del pasado o las injusticias que nos tienen hasta aquí regurgitando las contradicciones del modelo en educación, salud y pensiones, más no en las consecuencias de la libertad en otros aspectos de nuestra vida. Odiado en lo público, pero amado en el goce íntimo, hasta los ideólogos más anarquistas miran para el lado cuando llega el sagrado momento de integrarse al sistema social bajo lo que ofrecen los diferentes sistemas de mercados, logísticas, operaciones y sistemas de atención al cliente. Ser neoliberal, repiten como loro los mantras “neo” izquierdistas milénicos: “es lo que la nueva Constitución dará por superado”, aseguran, con un jarro personalizado de Starbucks en mano, la ex generación emo que cambió el estilo del pelo planchado como animé por una versión posmoderna de lentes parecidos al “tata” Allende. Cambalache chiques, que en el mismo lodo, todas y todos revolcados.

¿Recuerdan cuando lo estábamos pasando muy bien y engordamos bastante?, pues bien, el neoliberalismo ocupa todas las dimensiones de la vida existente, ya que constituye no solo a una cosmovisión política, sino también a una forma de experiencia de vida compartida sin distinción de clase, género o etnia. En síntesis, hay un cierto consenso académico en cuanto a señalar que esta doctrina es un conjunto de características dominantes que ha actuado negativamente como modelo de vida. Es de conocimiento común su orígen e instalación, desde las políticas públicas arbitrarias implantadas con la ascensión de los académicos conocidos como Chicago Boys, en la década de los 80, donde tal acción, derivó en la privatización de todas las áreas vitales de la población: salud, educación, fondos de pensión, recursos naturales, entretenimiento, etc. De este modo, el mercado se convirtió en el demonio regulador, anulando a las instituciones políticas para mantener su propia existencia. Al final del texto, hay links que profundizan estas áreas.

Desde los primeros días de la década de los 90, época que “coincide” con el inicio de la democracia o “dictablanda”, el despegue y auge económico del modelo, logró anestesiar a la población que sólo vino a despertar de su resaca el año 2011, cuando ocurrió la  “revolución pingüina”, la que fracturó la idea hegemónica de la educación como bien de consumo. Nacida del berrinche consciente del adolescente, la primera impugnación al modelo se tradujo en contradecir la evolución de la idea del consumo como vara de medición para toda la realidad, es decir, la suma total del conjunto de nuestras verdades. La sociedad chilena, tuvo en ese momento un súbito lapsus de reflexión silenciado abrúptamente el 2 de septiembre de ese mismo año, cuando falleciera en escabrosas circunstancias el amigo, yerno, pololo, amor platónico e hijo putativo de Chile, Felipe Camiroaga. Solo mencionar su nombre remueve dolores espontáneos en las generaciones lola saurias de Los Venegas, Yingo y el Club de la Comedia. Finalizado el duelo, sus viudas y viudos apagaron la tele y volvieron a trabajar con los ojos llorosos, dejando que la rutina semanal sepultara en el mar del olvido los restos de Felipe junto al concepto de consumo en educación y su defensa medioambiental. La segunda temporada de ¿Quién quiere ser millonario?, que cerró el 23 de diciembre del 2011, fue el pañuelo que sonó las mucosidades del llanto colectivo por Felipe.

Así volvimos a la normalidad de la vida cotidiana, año tras año, cumpliendo con las liturgias mensuales de consumo, mientras hicimos que el neoliberalismo echara raíces y terminara por colonizar las fiestas tradicionales, religiosas y ancestrales. Posteriormente, para incentivar el crecimiento económico y el comercial interno, se inventaron, potenciaron e instalaron nuevos hábitos culturales: las mamitas rememorando infancias no resueltas junto a la naciente locura de la selfie con disfraces de Halloween, los caprichos tecnológicos del Día del Niño, la empalagosa exacerbación arjoniana del Día de los Enamorados; en fin, la idea era tener a toda la población bajo una agenda repetitiva y cada vez más irracional con los gastos, regalos, etc. La segmentación de mercados, efectivamente se hizo más eficiente al descubrir que las poleras negras, servían para estampar hasta los gustos más anárquicos del metal y el punk en conjunción a Gokú o la última evolución de un pokemón y así llegar hasta la lógica de la “personalización” de cualquier fetiche. El neoliberalismo funciona en la cara oculta del deseo y el placer.

De acuerdo a lo anterior, la experiencia cotidiana de las personas en la vida neoliberal, modeló un sistema de creencias que se enquistaron en el alma de la ciudadanía, transformando los vínculos sociales y afectivos en mercancía. Como el pez que no puede ver el agua o nosotros el aire, se convirtió en una pauta de conducta dominante que la evaluación y toma de decisiones se enfocara en una integración social individualista, dando paso al nacimiento del mercado de las identidades que, al igual que la segmentación de clientes, incubó el surgimiento de nuevas banderas. A propósito, en www.todobanderas.com se pueden adquirir por 22 euros los nuevos diseños étnicos, afrodescendientes, de géneros, feminismos de 100 x 70 cm, doble costura, colores sólidos y larga duración. Hay para todas las identidades culturales clientelares.

Caímos redondos, seguro. El mejor gancho comercial, apeló a nuestra imbecilidad. Y si bien en educación, salud y fondos de pensiones, era muy evidente la inequidad, otros ejemplos se pueden encontrar en cualquier dimensión. Hacia donde miremos todo se encuentra “neoliberalizado”. Una amiga confiesa y asume que el mall le ofició como iglesia y plaza pública por muchos años, arquitectura urbana diseñada específicamente para ellas y de cómo los hombres del siglo XX en silencio y a regañadientes, la acompañaban a sus homilías de consumo, así era el entretenimiento o “huevonódromo” dominical, como lo llamaba mi difunto padre. Los niños crecieron asumiendo que eso era la normalidad, que pueblos y ciudades debían adecuarse a las “grandes inversiones de modernización”, trayendo modelos de alimentación nocivos para la salud. “Me costó asumir que el marketing y los primeros pisos de las tiendas, eran principalmente para nosotras(…) y el segundo, y los pasillos”, reflexiona. “Mi marido -recuerda- siempre reclamaba por el dolor de cabeza que producía la ausencia de silencio y el ensordecedor caos de músicas mezcladas con ofertas(…)él se encerró en su propio fetiche: limpiando el auto último modelo”.

El Agua, los vicios y Milton Friedman

Las decisiones políticas dentro del ámbito del Ministerio de Agricultura, tendrán que tomar en cuenta que el agua y el medio ambiente implicarán sacrificios para todas y todos. Le invito a tomar conocimiento sobre el concepto de “huella hídrica de los alimentos” al final de esta columna.

Chilenas y chilenos, indígenas, migrantes, los géneros y las generaciones, fuerzas de inversión, fuerzas laborales de todos los sectores económicos y comerciales, tenemos que decidir cuestiones fundamentales de cómo aprender a sobrevivir y, a partir de ese aprendizaje, lograr un tipo de sociedad más cercana a un desarrollo sustentable y sostenible. En esta construcción continua de seres humanos, se necesitarán valores hegemónicos nuevos, que enfrenten decisivamente a qué tipo de alimentación y actividades son la más saludables no sólo para el cuerpo, sino también para el mejoramiento de nuestra actividad psíquica, y así descongestionar la economía familiar en los costos y gastos. Más que respuestas, surgen preguntas: por ejemplo, ¿es moralmente deseable para todos los habitantes vivos actuales, procrear y seguir reproduciendo ad infinitum una sociedad con altos niveles de consumo de alcohol, tabaco, drogas, pastillas y estimulantes alimenticios?

Da para pensar, cuando relacionamos lo anterior con la lógica de la hegemonía del neoliberalismo y la construcción simbólica de mitos e industrias, cada una con sus propios dioses, textos y rituales, reforzando continuamente “mercados”, pero que, también actúan sacralizando hábitos y costumbres que impactan al ecosistema. ¿Quién puede defender el costo y consecuencias; en salud, economía y los 120 litros de agua que trae consigo una hermosa y reluciente copa de vino en los labios sensuales de la vendimia, o el apellido de abolengo hispano o ancestral sobre el estratégico diseño de la etiqueta? ¿Qué política pública hará observaciones sobre la hipócrita relación entre las camisetas deportivas del fútbol, el uso del compadrazgo y el goce de la compañía amiga con el gasto y el costo en agua para producir una efervescente, helada y cristalina cerveza para apagar la sed, o el uso de la poetisa nobel chilena, que hoy seca los valles interiores y que renace transmutada en el pisco de los valles que la vieron nacer?¿Hasta dónde la fuerza de voluntad y el ejemplo personal, serán capaces de enseñar a los niños y adolescentes que un enemigo silencioso de la economía, la salud y el medio ambiente, es el ansioso cigarrillo que no cesa de quemar recursos? Todas y todos somos neoliberales, todas y todos pecamos contribuyendo, por algún lado, con el neoliberalismo y el modelo que odiamos en la conducta de los otros.

¿Y los drogadictos? ¡Keep Calm, amigas y amigos liberales y progresistas que el tío Milton Friedman está con nosotros! «Estoy a favor de legalizar las drogas. Según mi sistema de valores, si la gente quiere suicidarse, tiene todo el derecho a hacerlo. La mayor parte del daño que proviene de las drogas se debe a que son ilegales».  If Ignorance Is Bliss, Why Aren’t There More Happy People? (2009). (manitos en forma de corazones). Fin del narcotráfico. (https://fee.org.es/articulos/las-12-frases-m%C3%A1s-acertadas-de-milton-friedman/).

Arrodillados en el confín del océano profundo de nuestra mente, el neoliberalismo tiene otras criaturas tan oscuras como lo describe el escritor H.P. Lovecraft en el cuento Los mitos de Cthulhu, cuyos tentáculos son azucarados, salados, fritos, horneados, asados, transgenetizados, brillosos y amarillos. Tiene el poder supremo de activar las papilas gustativas junto al mañoseo de la presentación del individualismo puesto en el platillo sobre la mesa, donde sus ojos se desvían en los individuales orgánicos, que hacen juego con el conjunto de la habitación, y que hacen juego con el jardín, las rejas y todo lo que ofrece la industria y el consumo del diseño.

Por otro lado, las identidades religiosas buenas para golpearse el pecho y apuntar con el dedo los pecados lujuriosos de los otros, ni se inmutan en mercantilizar la fe de cristianos posmodernos, cautivados por las ideologías de la prosperidad y la riqueza, donde ejércitos de pastoras y pastores, como lobos con piel de cordero, argumentan que el Señor puso las riquezas para el goce de quienes sigan las reglas morales escogidas, por tal o cual denominación religiosa. ¿Qué diría Jesús de esas mega iglesias instaladas como empresas con la justificación de ser “para la gloria del señor» o que la sobreabundancia alimentaria es una bendición? Engordamos bastante, esto es magnífico. Nuevamente, el tío Friedman tiene algo que decirnos:

«El argumento a favor de la prohibición de las drogas es exactamente tan fuerte y tan débil como el argumento a favor de la prohibición de comer en exceso. Todos sabemos que comer en exceso causa más muertes que las drogas», entrevista al Foro de la Droga de América (1991). (https://fee.org.es/articulos/las-12-frases-m%C3%A1s-acertadas-de-milton-friedman/).

Finalmente, como señalé en la columna anterior, el infierno siempre lo constituyen los otros y sus molestas identidades. Por eso, es que en la genealogía del mote “neoliberal”, en realidad se ocultan, “interpretaciones morales de los hechos”, y el juego de las identidades e ideologías culturales, enmascaran pulsiones individualistas que se consagrarán como derechos en el nuevo orden institucional. Ellas no ofrecen una alternativa real al modelo de vida neoliberal, que implicarán sacrificios a la marea de crisis económica y ambiental, sino, más bien, un cambio en la composición de las nuevas élites de hegemonía cultural y orgánicas que no escaparán. ¿Tendrá la nueva casa de todos la capacidad de financiar bajo una óptica distinta de modelo de desarrollo a escala humana sana, el establecer una existencia más atractiva que el calendario anual que hemos normalizado? La nueva casa de todos se construye con violencia moral y tendremos que declarar, de forma extraoficial, con toda honestidad y con la mente fría que no necesitamos más banderas, sino, más bien, sentido común, puesto que solo algo todos quieren en común y deja bien a casi todo el mundo: queremos dinero y libertad de consumo. Es una ironía que el neoliberalismo se oculte bajo nuestras distorsiones cognitivas.

Instagram y Facebook: marceldelmonte

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