“Y ahora, algo totalmente distinto”: Rishi Sunak y el momento del Reino Unido globalizado

David Allen Harvey

Uno de los programas humorísticos más populares de la televisión británica, “Monty Python’s Flying Circus”, solía presentar la transición abrupta entre dos cortometrajes con la frase: “And now for something completely different (y ahora, algo totalmente distinto)”. Esta frase, tan conocida entre los televidentes británicos como es el “me pongo de pie” de Pedro Carcuro en Chile, es apta para describir el último cambio de gobierno del Reino Unido. La exprimera ministra, Liz Truss, famosa por durar en el cargo menos que una lechuga (como comentamos en la edición de hace dos semanas), quedó fuera. Su sucesor, Rishi Sunak, aunque pertenece al mismo Partido Conservador, representa un cambio importante en varios sentidos. Mientras Truss se posicionó en su cargo como una fiel seguidora del flamante exgobernante Boris Johnson, Sunak, en su cargo anterior de ministro de Hacienda, formó parte de la disidencia conservadora que obligó a Johnson, tras una serie de escándalos relativos a su conducta durante la pandemia del COVID, a bajarse de su mandato. De hecho, con la dimisión de Truss, Johnson quiso volver al poder, pero la negativa de Sunak de dejar el camino libre le hizo reconsiderar. Sunak, como rival de Truss para el liderazgo del partido, se presentó como el candidato más centrista y menos ideológico, y tras la debacle del breve gobierno de Truss, que provocó la caída de la bolsa londinense y de la libra esterlina, apareció como la opción más segura para salvar el barco de la tormenta.

Pero el aspecto más innovador de su mandato no tiene nada que ver con su ideología, sino con su persona y sus orígenes. Hijo de inmigrantes hindúes, Sunak es el primer mandatario no blanco no solo de Gran Bretaña, sino de toda Europa, hecho que fue celebrado en los barrios asiáticos de Londres y en la lejana India. Pero no viene precisamente de los barrios populares:  de hecho, la prensa amarilla británica ha anunciado que su fortuna personal vale más del doble del patrimonio de la difunta reina Isabel II. Su inmensa fortuna es producto, tanto de su propio trabajo en el mundo bancario y financiero, como de la herencia de su esposa, hija de uno de los principales empresarios de la India. Sunak completó parte de sus estudios en los EE.UU. y trabajó durante años como ejecutivo de la famosa empresa Goldman Sachs de Wall Street.  Representa, por lo tanto, la llegada al poder de una nueva clase gobernante cosmopolita y multiracial, producto de la globalización neoliberal de las últimas décadas. Por mucho que algunos le han llamado “el Obama británico”, por ser el primero en romper la barrera racial, tiene mucho más en común con Emmanuel Macron, el presidente francés, que también viene del mundo financiero.

La contienda entre Sunak, Truss, y Johnson representa diferentes visiones de lo que significa “la derecha” en el siglo XXI. En sus años de gloria, desde Benjamin Disraeli, quien transformó el Partido Conservador en una fuerza masiva durante el reino de Victoria, hasta el gran Winston Churchill, los “Torys” fueron un partido fuertemente nacionalista e imperialista, apelando al patriotismo y alzando la bandera para llamar al pueblo a votar (según algunos) contra sus propios intereses. La administración de Margaret Thatcher, que reprimió a los separatistas irlandeses y mandó una armada para reconquistar las Malvinas, brevemente ocupadas por la dictadura argentina, representó el último aliento de esta política que la reducida posición de Gran Bretaña en el mundo contemporáneo ya no justifica. El “Brexit,” el gran proyecto de Johnson para revivir este patriotismo populista y (según él) recuperar la soberanía nacional contra las exigencias burocráticas de la Unión Europea, le llevó a la residencia ministerial de 10 Downing Street e inspiró una masiva victoria electoral del Partido Conservador en las elecciones parlamentarias del 2019. El gran éxito de Johnson fue fundar un nuevo populismo de derecha, con grandes promesas, que le permitió ganar incluso en zonas pobres (como la zona posindustrial del norte de Inglaterra), que tradicionalmente votan por el Partido Laborista. Pero, desde entonces, solo ha traído problemas, y los efectos económicos negativos del Brexit (los británicos ahora tienen que pagar aduana para su comercio con Europa, y tienen que seguir reglas que ya no tienen parte en crear) se han hecho sentir cada vez más fuertes.

Si Johnson representaba a una derecha populista y nacionalista, que hablaba de recuperar la soberanía y de combatir la globalización con políticas proteccionistas para conservar empleos, Rishi Sunak representa la globalización neoliberal más pura. Forma parte de una nueva elite capitalista planetaria que viaja en aviones privados entre Londres, Nueva York, y Mumbai, que se siente igualmente en casa en estas tres ciudades, y que se define no por el color de su piel, sino por el color de sus billetes. Si Johnson prometió volver a un pasado en que Gran Bretaña dominaba el mundo con sus industrias potentes y su control sobre los mares, Sunak se enfoca en el papel de la ciudad de Londres, todavía uno de las capitales financieras del mundo, para generar riquezas con sus inversiones, sus lazos internacionales, y su capital humano. Sin nostalgia por las glorias pasadas del imperio británico, y enfocando cien por ciento en un futuro globalizado, sin barreras para los flujos de capitales de inversión y relativamente abierto para la migración del talento del “sur global” hacia los grandes centros económicos del “primer mundo”, es plenamente una figura del siglo XXI.

Aún está por verse si la visión de Rishi Sunak tendrá éxito. La política neoliberal y globalista que representa siempre ha tenido el efecto de agravar la brecha entre ricos y pobres, y no hay razón de creer que en este caso será distinto. Tampoco tiene, como lo tenía Boris Johnson, un mandato popular para gobernar a su antojo: no le eligió el pueblo, sino un centenar de diputados de su partido en el Parlamento de Westminster. Y es poco probable que una política económica neoliberal tenga tanto arrastre entre los sectores populares como tuvo el populismo de derecha al estilo Johnson. Si sus políticas fracasan, es posible que el descontento de los británicos se manifieste en expresiones racistas y xenofóbicas. Pero antes de presentarse a los electores en los comicios del 2024, tendrá dos años para gobernar y para intentar mejorar la economía del Reino Unido. Como es, en cierto sentido, el primer mandatario posimperial de Gran Bretaña, tal vez podrá forjar nuevos lazos entre la madre patria y sus antiguas colonias, (India, sobre todo, pero también el resto de Asia, África, y el Caribe) basados en el flujo libre del capital, un nuevo trato entre iguales, y la apertura de las fronteras. Solo el tiempo dirá si su gobierno representa un nuevo rumbo para su país o si sigue la inestabilidad política de los años posBrexit.

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