LO NIEGO TODO (INCLUSO LA VERDAD)

Quienes seguimos a Joaquín Sabina y siempre le escuchamos cantar, disfrutamos también de escucharle hablar para saber lo que piensa de esto y aquello; de su afición a los toros (“debo haber sido de la última generación de chicos que jugaban en la calle a los toros y no al fútbol”), su encanto por los trenes y estaciones, de su familia, de su barrio en Madrid.

Para la Vero, Mariana, Octavia y Adams

Por Pepe Acosta

Lo niego todo (2017) es el decimoquinto álbum de estudio y disco de oro de Joaquín Sabina y quizás la canción, que da título al disco, sea la que mejor describe la trayectoria artística y personal del gran músico y poeta, aunque él mismo confiese que no es “el Dylan español”, pero que, como buen poeta maldito “si me muestras mi vida, lo niego todo”. Lo niego todo, incluso la verdad, es la mejor manera de presentar a Joaquín Ramón Martínez Sabina (Úbeda 12 de febrero de 1949)

Conocí a Sabina a mis treinta y tres años (la edad en la que murió Cristo, parafraseando a Altazor), de la mano de Mentiras piadosas (1990), en una cassette que me prestó una gitanilla que venía llegando de Madrid. De ahí en más, Sabina ha sido la única religión que he tenido y, como buen feligrés, he asistido a sus conciertos como se va a misa; con respeto y devoción. Por eso cuando Adams me dijo que este concierto, Hola y adiós, no se diferenciaba mucho del de hace dos años, “como las misas” le contesté; solo cambia, si es que, el repertorio de canciones lo mismo que las lecturas de los santos evangelios.

Conocí a Sabina en los días que nacía mi hija Octavia, feligresa y poeta que de cuando en cuando se va por los tejados como un gato sin dueño, que reconoce vivir en el boulevard de los sueños rotos y que ahora me acompañaba a cerrar este ciclo de 30 años siguiendo a Joaquín Sabina, desde aquel concierto en el Caupolicán presentando su disco Esta boca es mía (1994). Recuerdo que en esa oportunidad el recinto no estaba lleno, nada de lo que veríamos más adelante, cuando los seguidores de Sabina se multiplicarían como los panes y los peces.

Esa producción (Mentiras piadosas) y muchos de los versos de sus canciones (“nadie se ha muerto por ir sin dormir al currelo”) me hicieron ver que Sabina, más que música, era filosofía; una filosofía de vida en la que hay posadas sin ascensor o en las que te pueden robar el mes de abril, pero que vale la pena todo porque al final la vida “se luce ante ti poniendo un caramelo”. Y así fue que, para bien o para mal, “nunca aprendí a llegar a fin de mes” pero gracias a Sabina “cada noche me invento, todavía me emborracho; tan joven y tan viejo, like a Rolling Stone”.

Después del Caupolicán, vinieron los conciertos en Barcelona; primero en la plaza de toros (ahora dedicada a otros menesteres pues los toros están prohibidos en Cataluña) con el álbum Yo, mi, me, contigo (1996) y Los Rodríguez (Sin documentos) como teloneros. De hecho, ese concierto fue el primero de mi hija Octavia que a la sazón tenía 3 años y que, junto a Diego (el mayor con seis en ese momento), terminaron durmiendo sobre los tablones aquella noche de estrellas y luna llena, tan bella como la de Peor para el Sol. Luego vino un concierto íntimo y acústico en un pequeño teatro, de cuyo nombre ahora, no me puedo acordar.

Ya de regreso en Chile, conciertos por doquier, nuevamente el Caupolicán, pero esta vez a tope, la Quinta Vergara con Serrat y los Dos pájaros de un tiro (y donde quien dormía, ahora en mis brazos, era Emiliana, la menor). Luego fue Espacio Riesco, varios Movistar Arena hasta este último. Por cierto, playlist de Spotify incluida y casi todos sus CD’s.

No cabe duda que Sabina es un pájaro raro, en extinción diría yo. Un hombre que siempre llamó a las cosas por su nombre, que estuvo disponible para poner un palo a la rueda de la fortuna y a pesar de lo anterior, nunca renegó de sus gustos y de sus ganas de disfrutar de la vida con sus amigos. De hecho, una vez confesó que de su piso (departamento) en Madrid, todos sus amigos tenían llaves menos él y de como aquella situación, a todas luces insostenible, cambió cuando Jimena, su Venus latina, la que “no deshoja margaritas por miedo a que le digan todas que sí”, llegó a su vida.

Sabina hizo de Madrid su cuartel general, se hizo “gato” como confesaría más tarde, adoptando el mote que los propios madrileños se han dado, y si bien ya no cierra bares y no comete tantos excesos, todavía a sus 75 años, llora con las películas más cursis de amor y a propósito de películas, en Disney + se encuentra la peli de Fernando León de Aranoa, Sintiéndolo mucho (2022), que en estilo documental y con grabaciones de más de una década, nos muestra al gran conversador que es Sabina. El film se inicia con el accidente que tuvo en el Wizink Center de Madrid, en febrero de 2020, el día que cumplía 71, pero que como mala hierba y como amores que matan, nunca muere.

Alguien comentó en el diario El País que esta peli no tenía un gran legado artístico, considerando los palmarés que León de Aranoa acumula con películas tan grandes como Los lunes al sol, (peliculón de 2002), Princesas (2005) o El buen patrón (2021). Y ello porque no hace otra cosa más que mostrar a Sabina haciendo aquello que más le gusta hacer: conversar. Pero bueno, digo yo, qué más, si quienes le seguimos y que siempre le escuchamos cantar lo que disfrutamos también es escucharle hablar para saber lo que piensa de esto y aquello; de su afición a los toros (“debo haber sido de la última generación de chicos que jugaban en la calle a los toros y no al fútbol”), su encanto por los trenes y estaciones, de su familia, de su barrio en Madrid y tantas otras facetas y chascarros vividos siempre “veloces como un Cadillac sin frenos” como ha sido su vida. El mejor de todos ellos, aquel después de un concierto en Ciudad de México, en el mítico Tenampa de la Plaza Garibaldi, donde unos mariachis le ofrecen una canción “escrita por el hermano de uno de ellos”; la canción, era su mayor éxito comercial Y nos dieron las diez. Pinches cuates, tratando de pasar gato por liebre al mismísimo puto amo.

Al inicio del concierto, Sabina dijo que el Chile que ama es el de la Violeta Parra y Víctor Jara. Yo también. Pero Sabina poeta y cantante, ante todo es un sobreviviente, uno de esos a los que le duele más la muerte de un amigo que la propia. Uno que sabe que el tren se aleja y el tiempo pasa, pero que nunca se cansará de celebrar y que vivirá para cantar, aunque deba bailar con la más fea, parafraseando su tema Lágrimas de mármol con el que abrió su concierto, con el que dijo hola y con el que yo digo adiós.

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11 comentarios en “LO NIEGO TODO (INCLUSO LA VERDAD)”

  1. Mi comentario ameritaba una foto del concierto al que esta española fue invitada por cinco chilenos feligreses de la parroquia sabinera. Pero a falta de foto, amo evocar, con tu artículo, esa noche de 2017 de la que lo negaremos todo. Esta es, sin duda, una de las filias que hace indestructible mi amistad con el único chileno que debe captar el perfume del trovador malagueño en mis versos y con quien comparto, además, este voto proselitista que no daría a ninguna otra religión. Gracias por eso, Pepe, por mostrarme que solo el arte de un genio, lejos de cualquier ideología mercachifle, merece devoción dogmática. Y gracias también por los vinos sin rosas… ni espinas.

  2. También estaba leyendo tu columna Pepe. Qué fortuna haber podido ver a Sabina tantas veces. Lo pensamos harto para este “último” concierto, pero estaban prohibitivas las entradas.
    Me gustó mucho tu columna. Dan ganas de juntarse en torno a un fueguito con una botella de vino y varios amigos a escuchar a Sabina.
    (difícil para mí elegir una canción favorita, pero una de las que me gusta mucho es “Y sin embargo” cuando la canta con Mara Barros).

    1. Y sin embargo, es sin duda todo un «emblema» de Sabina; de su forma de entender el amor (siempre con espinas), pero sobre todo que uno más uno, no es igual a dos; lo que tanto nos cuesta entender. Usted prepare el fueguito, que yo pondré el vino. Muchas gracias por tus palabras Jessica y feliz de saber que compartimos esta afición.

  3. Marcela Gómez Ceruti

    Que buen artículo Pepe!! Nos diste una linda y emotiva dosis de Sabina. Gracias!!, pero sobre todo de ti mismo y tu especial filosofía, salud para ti, que tampoco “nunca reniegas de tus gustos ni de las ganas de disfrutar la vida con los amigos”, Abrazo.

    1. Gracias Marcela, no hay otra manera de ser feliz para mi, si no es con otros, en comunión con los próximos; cada día y todos los días, hasta que el fin del mundo nos pille bailando. Cariños y te avisamos cuando sea el fueguito con Jessica.

    1. Buena Chipa; de los últimos será el reino de Joaquinito; éntrale a sus canciones o parte por el documental de León de Aranoa donde él mismo se explica y así sus letras te calzarán completamente. Suerte.

  4. Aunque no soy muy conocedora de Sabina, querido Pepe, he quedado embobada con tu prosa, una maravilla! Cómo incorporas a cada uno de tus hijos en un hito de Sabina y combinas con el cine, otra de tus pasiones. Muchas gracias por regalarnos este pedacito de poesía y pasión!

    1. Muchas gracias querida Alicia. He intentado sumar siempre a mis querid@s hij@s a las diferentes manifestaciones artísticas con la secreta esperanza de generarles el gustito por la belleza y la verdad es que funciona, sirve y lo he comprobado. Por lo que 100% recomendable, tanto como Sabina.

  5. «todos sus amigos tenían llaves menos él» respecto a su depto. Me parece una frase genial, que extrapola más allá de la entrega del depto físico sino que hacía su propio ser. Es una capacidad de tener un alma abierta dispuesta a que todos disfruten de ella, sin llaves ni claves en su acceso.

    Debo admitir que soy un profundo ignorante en Sabina y muchos otros, sin embargo tu conocimiento y prosa con abundante referencia indican un sentido exquisito por el arte de la composición y el canto.

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