Las instituciones educativas: entre el último bastión de cohesión social y la narco-escuela

Tras el retorno presencial a clases, los equipos directivos piden a gritos aumentar los equipos de convivencia, agregar más psicólogos – incluso clínicos – y trabajadores sociales, más autonomía para enfrentar las dificultades cotidianas y poder mantener esta institución como el último bastión de cohesión social de una sociedad rota desde 2019.

Edison Ortiz

Este tema está dedicado a toa’ esa’ vieja’ sapa’ bisagra a la’ que arrastro como cajero. Soy enteramente atrevía…ando milloneta haciendo má’ ruido que una metralleta. Siempre de marca son la combi completa. La’ vieja’ sapa’ siempre andan con la zeta y pa’ que sepan andamo’ milloneta… ¿qué pasa con mi población, el barrio chileno? Estamo’ activo…

La Fixa Pilar. Millonaria.

¿La consolidación de la narco-escuela?

Primer acto. Es martes 2 de agosto y mientras una docente hace su clase, en un conocido liceo colchagüino, un alumno extrae de su mochila un arma de grueso calibre y se la pasa a un compañero, quien le ha manifestado que él conoce a un colombiano “que las arregla”. Fortuitamente, el episodio llega al oído de una autoridad del establecimiento, quien procede a inquirir a los alumnos en cuestión y el que llegó con la pistola reconoce que la ha traído desde su casa, hecho que, luego, desmiente ante Carabineros, cuando indica que se la encontró durante un recreo en el baño de mujeres. La comunidad educativa, sobrepasada, cree que llegó el momento de dar la señal y que es necesario, por el bienestar y la salud mental de todos, cancelarle la matrícula.

Segundo acto. Es jueves 4 de agosto, en otra fría comuna colchagüina, es casi mediodía y dos adultos, ajenos al establecimiento, ingresan sin pedir permiso ni presentar credenciales. Solo señalan a un inspector de patio que “andan buscando a alguien”. Al encontrar, en uno de los patios, al alumno en cuestión, el primero de ellos lo saluda, le da una palmada en su cara; en tanto, el segundo, lo apunta a quemarropa con una pistola. Ante ello, un osado inspector se pone delante del arma, protegiendo al estudiante mientras rápidamente se activan los protocolos escolares, y el llamado de Carabineros alerta a los visitantes, escapando del lugar siendo detenido, el primero de ellos, en las afueras del liceo. El director del establecimiento señala que es un lío entre dos familias de microtraficantes de un mismo barrio, cuyo conflicto se ha trasladado a la institución educativa. “Ya no hay límite entre adentro y afuera. La escuela está siendo invadida por agentes externos”, dirá el director.

Tercer acto. Es viernes 5 de agosto, por la tarde, y un grupo de alumnos del liceo de Machalí se congrega, como es habitual, en dependencias del estadio Guillermo Chacón, que colinda con la institución escolar. El liceo arrastra, serios problemas de convivencia entre los alumnos desde que se retornó a clases presenciales en marzo. En el grupo de alumnos hay uno que anda armado y, en un confuso episodio, que tiene varios relatos – ruleta rusa, líos de falda o deudas por drogas –, el portador del arma le dispara a quemarropa a la víctima, dándole un tiro en la cabeza. Todos los estudiantes involucrados huyen del lugar, dejando en solitario a la víctima, mientras quien disparó el arma se deshace de ella en un basurero y se refugia en Rancagua, hasta que es finalmente detenido. La comunidad educativa conmovida tendrá un receso necesario, y solo días después retornarán a clases normales.

Son tres hechos dramáticos, previsibles, acaecidos apenas en la segunda semana del retorno de vacaciones de invierno, que resultan ser la punta del iceberg de un fenómeno más profundo. Hechos de violencia, en particular peleas, en establecimientos que imparten enseñanza media, se reiteran en muchas comunas, a solo días del regreso a clases. Donde no pasó nada, relatan sus equipos directivos, es porque se cambió el currículo oficial por actividades lúdicas, mucho juego y recreación y se las vinculó a habilidades del siglo XXI que los estudiantes deben desarrollar.

Mientras el Consejo Nacional de Educación (CNED) impone al ministro de la cartera, quien había solicitado su prórroga, el restablecimiento del Simce y los parlamentarios trasversalmente (junto a los partidos políticos que representan), se las arreglan para, independientemente del resultado,  modificar a su antojo el proyecto de nueva Constitución; abajo, en los barrios populares y en las nuevas generaciones de chilen@s, están pasando cosas y, tal como me lo manifestó un director: “se está armando la tormenta perfecta para que  la sociedad vuelva a reventar”.

La primera vez que conocí de la vinculación del mundo narco con la escuela fue en el extinto barrio Vicuña Mackenna de Rancagua – la Viñuca Mañeka en jerga coa-, cuando en la inauguración del flamante liceo, y mientras esperábamos el arribo de José Miguel Insulza, conocí a una chica, estudiante de ese establecimiento, que se sentía orgullosa de ser “soldado” de la causa, pues, en ese entorno, encontró la familia que no tenía, la protección que requería y los recursos económicos necesarios para sobrevivir.

Ante el abandono casi total del estado, en los barrios populares, pronto se encontrarían antiguos (los actores políticos) y nuevos protagonistas (el mundo evangélico y, por supuesto, ‘los narco’) que, tarde o temprano, tendrían que conocerse y compartir espacios. Este es un fenómeno bien retratado a nivel popular en la serie de TVN, El reemplazante (2012).

Miguel Ángel Aguilera, el caso más bullado, y muchos otros políticos – principalmente alcaldes y parlamentarios – tendrían que pasar, para ser electos, por la aprobación (y a veces el financiamiento) del mundo del microtráfico y el ‘narco’ en los barrios, en especial en ciudades y comunas populosas y con mucha densidad demográfica. Pero, ¿son solo ellos los responsables de la bomba de tiempo en que estamos metidos? No, también somos nosotros como sociedad.

Del superhéroe, pasando por nuestra violencia histórica, a Marcianeke, la Fixa Pilar y “Pailita”

La figura de Superman, y tantos otros ídolos infantiles, se acuñó durante la Segunda Guerra Mundial y se masificó en la Guerra Fría, al punto que hoy, no solo hay películas o videojuegos sobre los mismos, sino que, además, no hay niñ@s, que en sus primeros años de infancia -y algunos también de adultos – no asistan a una actividad en el colegio vestidos con el traje de su héroe favorito.

La idea del superhéroe, me transmite un conocido colega que ha trabajado mucho en sus clases con el tema, es la de un ser superior con poderes sobrehumanos, que les permite estar por encima del resto. Batman, Gatúbela, y tantos Avengers, rompen el equilibrio de “los iguales” y ponen a unos seres por sobre los demás. De allí la fascinación nuestra por estos personajes, la mayoría nacidos en un país, como es Estados Unidos, que se ha caracterizado por su agresión permanente – de allí sus miedos a ser atacados -al orden mundial. Ese mundo explica el surgimiento de Superman y tanto film derivado de comic, que domina hoy el cine norteamericano con invasiones extraterrestres, asaltos a la Casablanca y todos los miedos que generan, y que son manipulados en ese pueblo.

De una manera muy simple, el superhéroe del barrio hoy es precisamente ‘el narco’, que está por sobre los demás porque posee armas, dinero, y es capaz de ejercer la violencia como símbolo de poder. Eso sucede en los entornos muy vulnerables, como lo son los de estos chicos, y tantos otros, aquí relatados.

Los Avengers del barrio son hoy Marcianeke, ‘Pailita’ y ‘La Fixa Pilar’. No es casualidad que, en sus videos, en particular, los de la anciana, se exhiben armas, autos último modelo, joyas y ropas de marca, acompañados por niñ@s que se reconocen en esas figuras y que dominan el mundo de los liceanos de hoy, incluso de colegios de clase media y alta, cuyos hijos pagan desde $ 8.000 para arriba para asistir a los After Hour, donde la mayoría llega “arriba de la pelota”.

Si cruzamos este fenómeno social y cultural con nuestra historia (pura violencia), y videojuegos como Fortnite, Call of Duty y otros, más un estado ausente, el estallido social, los efectos pospandemia y la consolidación de la cultura narco, tenemos la explicación a lo que está sucediendo en muchos establecimientos. Dicho fenómeno es como un iceberg, del que solo vemos su punta, pero  bajo cuya línea de flotación hay un submundo que, por lo que está sucediendo, llegó para quedarse.

Epílogo: ¿el fin de la escuela como el último bastión de cohesión social?

Como lo señalamos en varias columnas publicadas en El Mostrador y luego, en El Regionalista, la escuela fue el único vínculo de la familia durante la pandemia. Equipos directivos, profesionales, docentes y personal auxiliar mantuvieron el delgado hilo que impidió, que los efectos posteriores, no fueran más graves de los que hemos visto. No solo llevó a que actividades pedagógicas fueran híbridas o remotas, sino que prestó contención emocional y, a veces, hasta la colación de muchos niñ@s. De allí que muchos estudiantes, sin ningún medio protector y sin ninguna condición para asistir a clases, sigan haciéndolo. Algo provoca y motiva la escuela en ellos.

Pero, al volver presencialmente a clases, surgieron otros efectos y desafíos para la institución normalizadora por excelencia, como la salud mental, la convivencia y el bienestar emocional de las comunidades educativas, que se alejan del currículo oficial, la estandarización y el centralismo al que hemos estado acostumbrados. Los equipos directivos claman por continuar con la flexibilidad curricular, sostienen que es un error mantener la presión innecesaria de la evaluación docente y el Simce, en particular, cuando a solo dos semanas nos encontramos con la cantidad de episodios, eventos y situaciones emergentes, como las que hemos descrito al inicio de este texto y que, seguramente, se profundizarán según transcurran días, semanas y meses. Piden a gritos aumentar los equipos de convivencia, agregar más psicólogos – incluso clínicos – y trabajadores sociales, más autonomía para enfrentar las dificultades cotidianas y poder mantener esta institución como el último bastión de cohesión social de una sociedad rota desde 2019.

En tanto, en las alturas, se dicta el fin de la flexibilización de la JEC, se impone la evaluación docente y el CNE, desde el Olimpo, se decreta el regreso del Simce censal. Nuestra querida burocracia portaliana también necesita justificarse. Solo oirán, como lo dijo en su oportunidad Cecilia Morel, hasta que la “invasión alienígena” esté de vuelta y haya que, de nuevo, pensar en “disminuir privilegios y compartir con los demás”, hasta que pase el temporal y retornen a lo mismo de siempre. En tanto, allá afuera, ya se pueden oír los primeros atisbos “del estruendo de la batalla” que viene.

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6 comentarios en “Las instituciones educativas: entre el último bastión de cohesión social y la narco-escuela”

  1. Que doloroso relato. Es tan doloroso que parece extraido de alguna novela sesentera, de esas impresas en papel, revistas creo que les llamaban. Pero esta trama que pareciera de ficción, claramente no lo es. Es la realidad. La más dura y compleja de las realidades.
    La escuela como último, y cito al autor, bastión de cohesión social, se debate en un conflicto, creo, no menor: o se abre al mundo, democratizando sus decisiones, incluso las más estratégicas, corriendo el riesgo de ser «invadida por agentes externos» y hoy bajo el más total abandono del Estado (no solo abandono. El Estado se ha convertido en el principal detractor, condenador y persecutor de la institución escolar) o se enquilosa, se compacta, se defiende del entorno.
    El panorama, a lo menos el inmediato, no es «rosa».

    1. Es muy doloroso ver que cada día se va acentuando más el cambio de valores en nuestros niños y adolescentes ,esto exacerbado por los medios de comunicación ,que dan mucha cabida a estos seudoartistas que pregonan la violencia y la decadencia moral.Es muy importante el papel que debemos jugar los adultos como base de la familia que es el pilar de una sociedad sana.Por cierto la educación formal que es la que entregan los colegios debe ser sometida a una profunda revisión para ser reforzada en todas sus falencias ,porque como dice un comentario más arriba ,el futuro cercano no se ve color de rosa.

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