Resignificación feminista de Gabriela Mistral

¿Cómo llegamos a estampar la imagen de la Nobel de Literatura de 1945 en lienzos feministas durante los últimos años? ¿Por qué la figura de Gabriela Mistral empieza a distanciarse de las rondas infantiles y se asocia hoy a reivindicaciones políticas? Magda Sepúlveda, docente a cargo de la cátedra Gabriela Mistral de la U. Católica, indaga en el tránsito que estamos haciendo como sociedad sobre una de las poetas más célebres en lengua castellana.

Por A.C. Mercado-Harvey

Hoy conmemoramos un nuevo 8M con un renovado espíritu, debido al momento histórico que vivimos. Por primera vez las mujeres en Chile estamos representadas de modo paritario, al menos en el gobierno y en la Convención. Si bien falta mucho por avanzar, en términos de representación como ciudadanas comenzamos 2022 en buen pie. Estas ganancias son, sin duda, parte de un proceso más amplio en el marco de las protestas del 18-O hace dos años y medio. 

Durante el estallido social del 2019 vimos de modo prominente una nueva imagen de Gabriela Mistral (1889-1957): ya no es la imagen rosada del billete de cinco mil pesos, ni la señora gris en traje de dos piezas, sino una mujer en jeans, pañoleta verde al cuello y una polera con alusión a una canción de Los Prisioneros (We are Sudamerican Rockers). Esta potente imagen proviene del mural del Fab Ciraolo y se convirtió en un símbolo para muchas feministas. Sin embargo, la relación de Mistral con el feminismo de su época es bastante conflictiva. Un elemento significativo del rescate y resignificación de la primera mujer latinoamericana ganadora del Nobel (1945) es que, en un momento en que las chilenas luchan por la igualdad de derechos, se adopta una figura femenina muy desconocida para el chileno promedio, alejándose de la imagen que el patriarcado marcó a fuego, la de la profesora y la madre de Chile. La verdadera Lucila Godoy Alcayaga era una mujer transgresora, adelantada a su época y de una calidad literaria no dimensionada ni entendida durante su vida. De esto y otros temas conversamos con la académica Magda Sepúlveda, profesora titular de la P. Universidad Católica, a cargo de la cátedra Gabriela Mistral de la Facultad de Letras de dicha universidad.

¿Por qué crees que se ha resignificado la figura de Gabriela Mistral por parte del feminismo actual en Chile? Pienso en las protestas del 18-0 y las imágenes en jeans y con el pañuelo verde.

Yo creo que hay tres razones: la primera, por ser una mujer que logró posicionarse en el campo cultural sin el apoyo masculino, sino que trazando una red entre mujeres. Destaco dentro de esa red los nexos con Victoria Ocampo, con Cecilia Meireles, las buenas críticas que le hizo a Marta Brunet. Entonces, ella logró trazar una red de apoyo, pese a que también hubo otra red de mujeres que se distanciaron como es el caso de Amanda Labarca que se restó de apoyarla, pero supo crear un círculo beneficioso para ella misma. La segunda, es porque fue una mujer muy astuta. Es decir, que le daban los cargos más insignificantes, como cónsul a honorarios, sin sueldo, pero ella igual se encargó de organizar fiestas a las que invitaba a la gente más importante de la época y creaba nexos. Eso, después, la ponía en una situación donde le pedían dar conferencias. Entonces, toda la plata que había invertido y la deuda la recuperaba porque ahí le ofrecían trabajo. Así, más que refunfuñar por los lugares donde la mandaban, supo usar esos lugares a su favor.

Y la última, es su opción genérico sexual que hoy pertenecería al LGBT, o sea, de una disidencia sexual que ella mantuvo muy en privado, pero eligió como compañeras de vida a mujeres muy inteligentes; no solo eran guapas, sino que todas tenían una discursividad y estuvieron cerca de ella bajo la figura de secretaria. Es el caso de Doris Dana, que era una guionista, por ejemplo; Palma Guillén, que era una diplomática; Laura Rodig, que a medida que estuvo con ella fue convirtiéndose en una escultora. Le interesaron mujeres que tenían una subjetividad propia, un discurso propio sobre el arte. Yo creo que esas tres condiciones hacen que Mistral sea un sujeto que nos puede decir mucho a las mujeres hoy día.

¿Cómo se reconcilia el feminismo actual con las críticas que hubo en su tiempo de las feministas hacia Mistral? Ella tiene textos sobre las mujeres en el trabajo que fueron súper criticados en su momento por las feministas de su época.

Yo diría dos cosas: lo primero, es que la Mistral se dio cuenta de que cierto trabajo tiene que ver con la explotación, tiene que ver con ponerte en un lugar que vas a estar subordinada y no estaba por eso. Tampoco se acomodó; de hecho, la invitaron al círculo de las mujeres de élite y dijo ese feminismo no me pertenece y renunció. Eso significó un quiebre. Ella fue invitada amigablemente, pero no se sintió cómoda ahí, porque yo creo que en Mistral había un tema de clase y eso fue significativo. En ese sentido, yo la emparento con Lemebel, un sujeto cuya disidencia de género está muy atravesada por la clase social. Ella siempre se sintió una mujer indígena y trabajadora. Entonces, el club de señoras, de lectoras no era algo que le dijera mucho; ella estaba por un feminismo que hablara sobre qué hacían las madres que, para ir a trabajar, tenían que dejar encerrados solos a sus hijos, situación que sigue pasando. La gente dice ¡qué horror que se murió ese niño quemado!, pero nadie dice ¡qué horror que una mujer en el siglo XXI tenga que encerrar a sus hijos para ir a trabajar! Yo creo que esas mujeres políticas que han ido al Congreso con sus hijos han marcado una diferencia, y han dicho: si somos mujeres con hijos, ellos van donde nosotras vamos, pero antes no era aceptado llevar a los hijos al trabajo. Yo me acuerdo dos veces de haber llevado a mi hija a la universidad y se producían cosas: había gente a la que le agradaba y también había un rechazo a esa situación. Cuando debiera ser un derecho de todas las mujeres. Entonces, para Mistral es un tema de clase que nos plantea.

Pero igual hay textos en que la división del trabajo que propone Mistral es patriarcal: esto de que las profesoras debían ser mujeres, que no era un oficio para hombres. Por ahí las feministas la atacaron en su tiempo.

Yo creo que Mistral no tiene por qué acertar en todo. A veces, se pide algo irreal: que Neruda sea un santo, siendo que la profesión de santo no va con la de poeta, y Mistral en algunas cosas es adelantada, pero no en todas. Y, por supuesto, que hoy estamos muy emancipadas, pero todavía está la idea de que la profesora es una madre; de que la parvularia es una tía. Nos hemos emancipado hasta cierto punto, porque hoy día si una profesora dice al iniciar un curso: recuerden que soy la profesora y no soy la madre de ustedes, genera un colapso, porque todavía se espera que nosotras, las profesoras, ejerzamos un papel maternal en relación a la enseñanza. Y Mistral en eso es conservadora, y en varias cosas. También, en el estricto secreto de su vida privada. Esa parte a ella la salvó, porque si hubiera abierto su vida personal, evidentemente no la hubieran dejado ser la diplomática que fue. Ella cuidó muy bien su figura pública y de sus compañeras de vida, más que amantes, eran sus esposas, guardaron absoluto secreto. Ella conseguía una lealtad total.

Hablando de lo de ser adelantada, el otro día leí un texto de 1909 sobre la instrucción de la mujer, que dice lo siguiente: “Hágasele amar la ciencia más que las joyas y las sedas. Que consagre a ella los mejores años de su vida. Que los libros científicos se coloquen en sus manos como se coloca el Manual de Piedad. Y se alzará con toda su altivez y su majestad, ella que se ha arrastrado desvalida y humillada. Que la gloria resplandezca en su frente y vibre su nombre en el mundo intelectual”. Ahora que se habla tanto de la mujer en ciencia, el STEM (NdlR: acrónimo en inglés de Science, Technology, Engineering, Mathematics) y ella específicamente se refiere a esto en 1909…

Claro, porque si las mujeres hubiésemos estado mucho más presentes en la ciencia, la píldora anticonceptiva la hubiesen tenido que tomar los varones por décadas. Ellos han inventado cosas para que tomemos nosotras y que todas las cosas tengan que ver con nuestro cuerpo y el de ellos permanece incólume. Creo que todo eso hubiese cambiado: se hablaría mucho más de la próstata y mucho menos de la menopausia, etc. Yo comparto con Mistral que la presencia de la mujer en la ciencia es vital para la transformación del mundo que estamos viviendo.

Finalmente, cuéntame un poco de tu libro Somos los andinos que fuimos (Santiago, Cuarto Propio, 2018).

Yo los invito a leer mi libro que recupera los aspectos andinos de Mistral, es decir, Mistral habla del indígena, de la quena mágica, de la llama, de la flora y dice que nuestra unidad latinoamericana nace de una unidad en la cordillera de los Andes, que ella hace partir en el estrecho de Magallanes hasta Venezuela, cuando nuestra mirada la hace partir en Colombia, ni siquiera en Venezuela. Ella da vuelta el mapa y dice que nuestra política debe ser bastante más cercana a una unidad más ligada a lo que fue el Imperio Incaico, que ella no da por perdida y que, últimamente, con todos los descubrimientos arqueológicos que han hecho en el centro de Santiago, por ejemplo, muestran la relación con lo incaico. Yo los invitaría a leer el libro de poemas Tala, donde dice que lo talado ha sido, justamente, nuestra condición andina, y al ser talado eso es como si estuviéramos siendo pisados como un lagar de uvas, siendo pisoteados porque no tenemos subjetividad que nos dé identidad y un lugar en el que sentirnos poderosos. Lo andino sería ese lugar desde el cual hilvanar nuestra dignidad.

En Chile, la gente conoce, en un 80%, por poner una cifra, “los piececitos de niño”, toda esa poesía que es más fácil de digerir, pero no toda esta poesía en Tala y otros poemarios, que es mística, es mucho más difícil de descifrar, ¿será esa la razón por la cual la poesía de la Mistral ha sido tan poco difundida en comparación con Neruda, Parra, Zurita, etc.

Sin duda es una razón, como dices, pero yo le agregaría también una discriminación de género. ¿Cómo se entiende a una mujer opinando de temas políticos en Tala? Es mucho más fácil entender a una mujer que se ocupa de temas de la educación, porque mujer y educación ha sido la dupla con la cual se nos puede instalar en la historia, al igual que la maternidad. Entonces, lo que han hecho con Mistral es un típico sesgo de género, es decir, recuperar de ella lo que se puede leer: maternidad y educación. Pero lo que se puede leer a partir de la recuperación de lo indígena, que es su tema más político, eso ha sido muy dejado de lado. Yo veo ahí un sesgo político patriarcal.

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